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La bitácora del exilio

juli 18th, 2008

El Clán de los Kochalas
” Es posible que él antónimo del olvido, no sea la memoria; sino, la injusticia “. Yosef H. Yeroshalm Historiador Sefardí

Así como el exílio es la adopción in-situ de una nacionalidad extranjera, indefinida. Una vocación de trashumante con peaje de alto precio. Tambien tiene su dialéctico balance en la ley de los contrarios. Y, es la fuerza de coheción solidaria, de apoyo logístico y moral, que deriban de trayectorias comunes, estratos sociales pares y vivencias profundas. Es el hermanamiento, sino de leche, de idéas, pensamiento y acción en el pasado. Es decir, que si en la patria lejana estuvimos condicionados a departir en la bonanza y el éxito. En el exílio estamos condenados a estar más unidos, más compactados, como una sola familia, como un CLAN.

Este Relato Real pretende, ojalá lo consiga, rescatar para la memoria a un colectivo de “Condotieros” que se apoyaron mutuamente en el exílio chileno, para conservar sus esencias y su razón de ser. Es un homenaje a hombres jóvenes que quedaron en la senda del deber, y, cuyos nombres pertenecen a esa ánfora que guia las naves de la historia. La bitácora del exílio. De modo y manera que habiendo pasado el trago amargo de salir de dos países, hechando chispas como él condenado, y, una vez aceptados en el Chile democrátido de la Unidad Popular. Comprobamos con autocomplasencia crítica en Arica, que era una sociedad abierta y permisiva al pensamiento, la cultura y las maneras de vivir cosmopolítas y libre de tabues. Por un la lado, su tradición de siempre, al ser uno de los paises Latinoamericanos más europeizados por su ingente migración del viejo continente, y, luego sus actuales circunstancias socio políticas, su socialismo democrático a travez del sufragio universal, o como les gustaba llamarce: “Nuestro proceso chileno po-ñor!”.

En consecuencia, convertidos en el Trio Los Panchos, él suscrito y los dos brasileiros: Socca y Joao, quienes tuvieron la gentileza de adoptarnos con el apelativo carioca de Cutiño, nos entregamos a la grata tarea de: “pinchar en los cahuines” por las ardientes costas ariqueñas, por un par de dias con sus noches, realmente lo mereciamos. Con la resaca en los cuerpos se tomaron los contactos para organizar la vida, ellos fueron a lo suyo, y, nosotros tambien buscamos a los nuestros, que no eran otros que los cochabambinos, así se le hizo saber al contacto que tenía el aparato en Arica, uno que se hacía llamar Juan Gallo, este comprendio la petición, no sin antes dejar caer la sentencia lapidaria de la nomenklatura motetista, de que esos eran Los Fraccionalistas, y, que posiblemente él susodicho, era uno de ellos, se le respondió en el acto: -Puede ser, por que no?. Lo más seguro es que somos cochabambinos ok?.

Ese apelativo de Fraccionalistas, nos acompañaría a todo lo largo del exílio chileno, hasta que finalmente, les dariamos la satisfacción tiempo despues, venciendo y expulasandoles del regional de Cochabamba. Pues bien, iniciamos el periplo nortino en la empresa Chile Buss, recorrimos sus proletas yareteras y azufreras, su altipampa árida, sus centros mineros, sus ex-factorias abandonadas, su decierto seco y yermo, sus micro valles cobijados en templadas hondonadas y sus costas donde agonizaban los contrafuertes de la cordillera en arrecifes y rompientes, que se internaban al turbulento Pacifico, acunados por vientos huracanados, coronados por esa belleza natural de costa, mar y cielo. En la colonial y portuaria Antofagasta, saludamos a la familia materna, o lo que quedaba de ella, de su empório de cuando embarcaban minerales a las fundiciones de ultra-mar, ” La Aramayo Mining Company ”. Al socaire de la era del estaño, fué un viaje al pasado con reminisencias sentimentales de tiempos irrepetíbles, el pasado de añoranza. Total, que despues de días de viaje, nos plantamos en el Cuartel General de Pio Nono, a los pies del cerro San Cristobal. Era esta una “Toma” socialista, una especie de población en pleno barrio de clase media alta santiaguina, y a tiro de piedra de Plaza Italia. Estaba habitada por militantes socialistas de base, pero tambien por los ”incondicionales y subencionados” del Mote, que en ese preciso momento y dizque por seguridad, se hacía llamar ”Patoruzo”.

De modo y manera que en el bochorno ardiente del verano chileno de las tres de la tarde, hora de Santiago, fuimos recibidos con ese cariño fraternal de siempre, por esos bravos Kochalítas supervivientes de la algaradas estudiantíles vallunas, de un pasado no lejano, aunque eso sí de miles de metros sobre esas costas de candela. Los otros, la resaca económica, salieron a ver al recien llegado, había indiferencia de ambas partes, como no?. Nunca nos vimos antes y no teniamos nada en comun, si acaso sugerir que éramos del partido, demasiado poca cosa para compartir. Habia una henormidad que nos separaba irremediablemente, como dos orillas de un rio ancho y profundo, y, así sería hasta siempre jamás Pues bien, nosotros Los Fraccionalistas, partimos a hacer nuestro ajuste de cuentas familiar al bar “Dña. Rebeca”, una especie de tasca situada en la misma orilla del rio Mapocho y Puente Italia, y nos pusimos un pedo de padre y señor mío con cañas de vino blanco fuerte de barrica, ese vino recio que bebía “la gayada”. El cariño que nos teniamos no había variado, al contrario, era más grande, más profundo, más indestructible. Lo que si había cambiado, y como?, era la apariencia externa de esos “niños guay”, ex-pitucos, antaño con trazas de roqueros a lo James Dean, el mexicano Cesar Costa o el mismo Lucho Gatíca, bien afeitados, con los cabellos planchados a los costados a base de exeso de vaselina perfumada, el jopo bien plantado a prueba de vientos por la dureza de la laca, con las camperas negras ajustadas a las costillas, y los pantalones con la raya que podían romper olas. En esa tarde santiaguina los encontramos al revez, que coñazo!, estaban tipo Carlos Santana, Jimmy Hendrix, o mejor, como los “hipirapas” de los barrios calientes de San Francisco o el Spanish Harlem de la Gran Manzana en el Bronx neuyorquino. Joder machos!.

Tenían las melenas hasta los hombros, pelos en la cara allá donde brotaran, sus ropas psicodélicas con colores de vibraciones eléctricas, y acentos achilenados, que hostia más positiva pensamos, como se adaptan estos chavales al modus-vivendi de la sociedad que los cobija. Al contrario de la resaca, que aguantaron sus maneras, sus atuendos y su dieta de cachi catáris contra viento y marea, singularidades del exílio. Bueno, hicimos el balance “copuchento” de lo que pasó más allí, que aquí, de los dimes y diretes, y, finalmente nos reportamos con nuestros nombres de familia, solo por esa única vez, ya que luego y hasta nueva orden, nos nombraríamos por los apelativos de pila con que nos conocíamos desde aquellas épocas de inberbes adolescents, de cagaleches alzados. Seguridad?. Comodidad?, quizas ambas cosas a la vez, o algo más, el funcionar en el exílio como una familia de “Fratelos”, sin egoismos, sin mezquindades, sin chicaneos, funcionar como un Clan, como el Clan Kochala, que nos garantize nuestra integridad hasta que las patatas quemen, é incluso más allá. El primero, Edgar Barriga “El Flaco” nuestro mentor, era un fuera de serie, no solo nos había convencido y reclutado a los Circulos Culturales, fué un brillante universitario lider de su facultad, se había leido como quién dice: desde los borradores de Das Kapital, Los Grundrise, hasta la predicciones de Nostra Damus, tenía respuestas para todas las preguntas, era él miembro más joven del Comite Central, estuvo encarcelado en el regimen de Barrientos, lideró al comando juvenil a Chané –Bedoya, y, era él único que se cazó, tenía su hijita que era la niña de sus ojos, convirtiendonos en tios prematuros.

En ese señalado instante, El Flaco, era del directorio de prensa y pinchacables del semanario Actualidad Boliviana –AB-, y, nos regaló cobertura para tener fama en el exilio, su semanario AB, lo encontramos en la biblioteca de Emmaus-Björkå traducido al sueco. Por ultimo, pasaría por las mazmorras del estadium de futbol de Santiago, y, finalmente, pajareariamos unos veranos calientes en los boulevares de París, como estudiantes ”pobres é indocumentados”, escuchando cuanta conferencia se dictaba en Nanterre o La Sorbona. Pero más que todo vacilando como clochards libertarios, o como gustaban llamarnos los obreristas: de “ hippies anarquistas”, sentados todas las tardes en el show continuo de Saint Germain des Prés, los bouquinistes de livres antiques de los muelles del Sena, los bistrots del Barrio Latino, los aperitif del Dante o la isolement de la Plaza de la Bastilla, pergeñando, dizque, los libros que teniamos la peregrina intención de escribir, vaya infulas pequeño burguesas!. Pero, acogiendonos sin faltar una sola noche, a l` amour liberté-promiscuité de la tribu hippie de Chatenaouie Malibrié. Así, París, todavia era un festival de acogida para esos Latinoamericanos dizque: literatos, compositores, canta-autores, dramaturgos, talladores, forjadores del cobre repujado, ex-alzados rurales, agitadores profesionales, bachilleres fracasados, licensiados en el paro, en fin , esa fauna variopinta de pequeña burguesía o burguesía de la tres américas. Todos, muertos de amor de pan y soledad, esperando el aviso oficial del fin olimpico de sus dictaduras militares, con la esperanza vana, de que más temprano que tarde, les llegaría ”El Placemente” de sus paises bananeros, nombrandolos embajadores plenipotenciarios ante la V República o su Majestad la Reina de Inglaterra, o como menos, unos puestitos burocráticos de consuelo en lejanas provincias de la culta Europa, en reconocimiento a sus servicios prestados a la resistencia en el exílio. Y así, hasta el arribo de la ”marabunta económica” que dejaría la cagada, que lo bueno, tiene eso de bueno, dura poco. El siguiente: Ramiro Rico ”Ramirito”, estudiante de Agronomía, activista incombustible contra viento y marea, incansable como gallito catalán, buen organizador y argumentador, con poses de matador en tardes de toros en tablaos calés, se templó en Chané con el apelativo de: Bigote é Bagre, estuvo confinado en Coati, en Chile, estudiaba en la U., cayó preso al Esmeralda, salió a la Argentina y de ahí fue a dar a Cuba. Carlos Vega ”Carlitos”, egresado de Derecho, agitador estudiantil en San Simon, acesor de una empresa en el area social en el Gran Santiago, pasó por el estadium, y fué a dar a París, con su tocayo, tambien valluno, formaron el dúo: Los Carlos, cantaban a capela boleros de Gladys Moreno y Arturo Sobenes, se hicieron famosos en la peña La Candelaria de Mont Martré, les caiamos alguna que otra noche a manguearles una sangrías por que ellos tenían consumición gratuita. Antonio Villegas ”El Gordo”, ex estudiante de Agronomía, callado y estoico, militante disciplinado, famoso por su dejadez, se ponía los pantalones hasta que estos se paraban solos de mugre, se hacía retar por esta su decidia, recibía su castigo de no ir a las fiestas con humildad, acababan diciendole: Gordo Acapanza, y, le pasaban pantalones limpios, despues del golpe se le encontraba almorzando en los comedores universitarios de París. Luís Ferrufino ”Cachín”, ex estudiante de la Escuela Práctica de Agronomía de la Tamborada, él más joven de los alzados de Chané, estuvo preso en el Esmeralda y retornó a Cochabamba.

Todos estos chavales bautizados y fogueados con sobresaliente en las jornadas bravas de la macro hacienda de Chané-Bedoya en el norte de Santa Cruz. Los adultos?, como no, Jorge Rodriguez ”Bigotes”, sociólogo egresado en el Brasil, catedrático en la U. de Santa Cruz, confinado al Alto Madidi, y comisario politico de la fuga de la selva al Perú. Ernesto Velasquez ”Caballo Viejo”, ingeniero petro-químico, tambien egresado en el Brasil, dueño de la fabrica Quimilec en Tacata, hombre fuerte de la alcaldía de Quillacollo, en Santiago sub-gerente en una industria química en el área social, cayó preso al estadium y salió a Argelia, famoso por su habilidad para bailar la cueca chilena, muy querido por los trabajadores de su centro laboral. Dn. Andres Antezana y sus hijos Andresinho y Palmira, muy ligados a las actividades de la FES y la FUL de ese entonces, salieron hacia Cuba. Y las mujeres?, tambien habían Kochalitas bragadas, cuatro, pero eran la muestra de las vallunas corajudas como nuestra heroina de la Coronilla, la criolla M. J. Gandarillas. Dña. Martha, esposa de Ernesto, valiente compañera, fué el correo de la resistencia valluna. Limbánia, esposa del Flaco, ligada a la organización desde la Universidad de San Simón, Doris, ex esposa de Tokio, estaba en Chile con sus dos hijos: Lobito y Shirley. Palmira, una bella adolescente, activista de la FES, salio con su padre y hermano. A esta nuestra Familia de Kochalas, se agregarían esporadicamente, Nelson, Yolita y Pepe, así como Julio Herbas “El Triste Punateño” universitario, Luciano Duran Boger “Lucky” escritor, y él inflaltable “Gringo” Fernando Zambrana Gasser, tambien universitario. Así, al calor de las cañas del blanco macanudo de barrica de cedro, “el vino del huehuonaje”, nos templamos recordando los orígenes que marcaban esa nuestra enfermedad de aventuras a lo Alonzo de Quijano, como caballeros de triste figura, o cruzados de Mont Salvat, y, nos juramentamos en la tasca Dña. Rebeca de esa tarde santiaguina, apoyarnos en la tierra del exílio, no solo con el pan y el vino, tambien con los consejos, las sugerencias y hasta las alcahueteadas, dependiendo de como y por que. Debíamos funcionar como una gran familia unida, como un Clan, no había otra alternativa, y, por que sobre todas las concideraciones, estábamos absolutamente concientes que teniamos el suficiente “PEDIGRÍ” de clase y militancia de altos vuelos, avalados por trayectorias reales. Entonces, acordamos dejar el Cuartel; por que era incongruente convivir con la resaca oportunista, y, menos recibir favores del Patoruzu que financiaba los porotos de la olla comun. Por esas cosas de la vida, siempre tuvimos a nuestro favor, él acudir al expediente familiar de recibir la mesada de nuestros padres, siempre y cuando comprobáramos que estudiábamos. De modo y manera, que en ese último semestre de ”Proceso Chileno de la UP”, nos dimos la tarea de observar y aprender sobre esa nueva fenomelogía social, inédita en el accionar de la sociedad en nuestro continente y otras latitudes.

Nos ligamos de manera sub-orgánica a la celula socialista que funcionaba en calle Londres No 7 a media cuadra de la Alameda, participamos en cuanta actividad social, cultural y política se nos invitaba, así como en sus actos de masas en el teatro Caupolican. El exílio andino en chile, estaba cualitativamente drenado, es decir, había una élite de campanario en torno a los históricos de los partidos y la dirigencia “Cobista”. Este hecho se vió con meridiana claridad com motivo del aniversario del 6 de Agosto, Día Nacional. La COB en el exílio mostró su capacidad de convocatoria en un acto protocolario en los salones de la UNCTAD, en esa ocación se dieron cita quienes tenían que ver realmente con la dinámica socio-política en el país de origen. Esos distinguidos asistentes fueron: Los Triunviros del Consejo de Universidades, los Dres. Iñiguez, Ruíz y Rios Dalens, los líderes de la COB: Elsa Pradera de Bravo, Oscar Sanjinez y Simon Reyes, delegados de los Campesinos Independientes y de los Estudiantes, dirigentes de partidos políticos, invitados de organizaciones chilenas y embajadas amigas. Fueron tres los oradores de la tarde, el profesor René Higueras del Barco, por el CEN de la COB, Paulino Quispe ”Wilasaco” por la Confederación de Campesinos Independientes y el Delegado Estudiantil de la CESB, la prensa santiaguina dió la cobertura al acontecimiento en su edición del día siguiente (7 de agosto – 73), con nombres y apellidos de los asistentes. Los otros, los turistas del exílio, no estaban, eran simplemente ”cantamañanas” que salieron en pos de una oportunidad o una beca, con razón y guasa se decia que a estos: no les seguía ni su sombra, no les perseguian ni sus acreedores y no cayeron presos ni de borrachos. La Madrina CAP.- En la vida y las jornadas universitarias hicimos buenas y muchas amistades, entre las más entrañables estaban las hermanas Altamirano, Quena y Paz, estas dos simpáticas Lolas, nos invitaron a la inauguración de una peña folclórica en Providencia, su barrio,nosotros digimos: -Régio, gracias!-. Nos engalanamos como “cachacos bogotanos” con la tenida inglesa, donde solo faltaba el bombin borsalino, el paraguas y el periódico bajo el brazo. El conjunto que amenizába la peña era uno medio nortino, del pueblo de Potrerillos, y, claro entre nortinos nos dedicaron una pieza de los páramos cordilleranos, se arrancaron con algo así como una cullahuada, llamerada ó vaya uno a saber que lamento de nido de cóndores. Hostias!, los asistentes nos animaron a bailar los tristes yaravies. Nosotros no teniamos idea de como movernos. Joder machos!, eso no habiamos bailado ni en escuela de provincia; pero claro esta, no podiamos quedarnos sentados como catrines, entonces, nos paramos y nos pusimos a brincar en el sitio, como hacen los Masaí o los Hotentotes en el Africa, cuando buscan pareja y tienen que aparearce, había que salir del entuerto con elegancia, al concluir la música quedamos cachondos con el respetable, eso sí sudando como berracos.

Entonces, las hermanitas Altamirano nos presentaron a una distinguida dama de Punta Arenas, la Señorita Caprice O´Neil Salaverry, toda ella muy elegante y muy ruzia, que tenía todas las trazas de haber llegado de Europa solo en la víspera. Inmediatamente nos enterariamos que era una ilustre maestra jubilada, solterona y sumamente interesada en la antropología, había razón para que mostrara inusitado curiosidad por nosotros. Nos saludó muy hemocionada, y, de entrada le parecimos “medio raritos”, por que la idea que tenía alguna gente en Chile, era que los andinos necesariamente teniamos que ser del tipo del Titicaco, uno de los personajes de la revista Condorito. Como nosotros no nos pareciamos tan Titicacos, le explicamos que procediamos más bien de tierras bajas, hasta quizas cejas de selva y con probabilidades de algún ancestro quechua eso sí bastante descafeinado, y, que en todo caso, más bien nos pareceríamos a los Toquis: Colo Colo, Caopolican o Lautaro. Hechas las aclaraciones y habiendo puesto los puntos sobre las ies, Caprice nos invitó a tomar la once al día siguiente, es que censillamente le caimos régio. En la sobremesa de la once le hicimos presentir que andabamos “guachitos”, es decir huerfanos de cariño maternal y tambien material deportivo para nuestros equípos de futbito y volleybol, ante su sonrisa consternada de amor la nombramos Madrina del Clan.

No había nada más que hablar, fuimos los ahijados perfectos y ella la madrina de oro, desde ese momento la llamaríamos: La Madrina Cap. Nos pavonearíamos con ella por fuentes de soda y confiterias de Vicuña Mackenna, Teatinos, Huerfanos, Bandera, Ahumada, en fin el centro de Santiago, eso sí, solo a la hora de la once. La Madrina seria testigo de pichanguitas que le darían muchas satisfacciones. En lo que no se pudo complacerla, fué en mostrarle “La Resaca”, cinseramente daba verguenza, en pleno partido se ponían a discutir a carajazo limpio, o sus mujeres se peleaban y obligaban a sus maridos tambien a disentir entre ellos, un espectaculo deprimente. Al contrario del Clan, cuando alguno de nosotros fallaba, se le animaba: “No se apene, mi “ ñaña”, levántese!, se pelea peleando!, ándele”. Era la manera de como funcionaba nuestra familia de vallunos, El Clan Kochala, en la primera etapa de la aridez del exílio, que se prolongaría para algunos por varias decadas y distintos lugares de este prostituido mundo. Como se podra colegir, el narrar estos Relatos Reales, obedece a la resistencia de abolir el pasado, pasado de dolor, sacrificio y entrega sin condiciones.

Movimiento análogo que se vera posteriormente en otras sociedades ilustradas y tán cercanas a nuestra ideosincracia, como la chilena o la española, enpeñadas en el rescate de su memoria colectiva é histórica.

Memorias de PUDAHUEL, Santiago, Verano del 73

Ricardo Raúl Cauthín Aramayo-Florez

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