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La residencia estudiantil

augusti 1st, 2008

LA MEMORIA, quizas. En cierto modo es una forma de dignidad estoica. La lucidez a la hora de confrontar las lineas maestras del asunto. Asumir las reglas del juego.
Arturo Pérez-Reverte
Corresponsal de Guerra
No tendremos la certidumbre de haber dicho todo sobre el exílio en Chile, sin recordar LA RESIDENCIA ESTUDIANTIL ( La Pensión). Con la certeza, de que no contamos, lo que dice que nos contarón. Sino, contamos lo que hemos vivido. Asi de simple.

Fué en el verano felíz del 73. El proceso chileno se precipitaba ineluctablemente a las antípodas de su democrácia popular. Luego vendría la larga noche de la dictadura.
La ciudad del Mapocho, El Gran Santiago, halagaba a sus huéspedes llegados de los cuatro costados del globo: Ex-convictos, perseguidos de causas inverosímiles, investigadores sociales, curiosos, aventureros, turistas, intelectuales, sociólogos,politólogos, entomólogos de la historia, perdularios o simplemente gilipollás oportunistas. Todos ellos llegados a respirar un tantito de libertad y fiesta democrática.
Bajando de Plaza Italia, por la Alameda de la Delicias, hacia Estación Central, a escasas seis cuadras del Palacio de la Moneda, cortando por Echaurren hacia Blanco Encalada, justo en la esquina con Grajales, casi dandose un besito con la plazuela Manuel Rodriguez, (descripción para un ciego), estaba la RESIDENCIA ESTUDIANTIL de la Señora Dña. Raquel del Canto i Sepúlveda.
Esta casona colonial, sería borrada del mapa despues de la dictadura. Era conocida en varias cuadras a la redonda como ”La Pensión”, así a secas, sus huéspedes eran eso: Estudiantes Crónicos, o como se decia, estudiantes a tiempo completo.
Ademas, era el centro de reunión de la juventud, lolos y lolas, de todo el sector. Y lo irremediable, La Pensión tenia renombre fuera de Santiago y del mismo Chile.
Los que fuerón sus huéspedes pasaban el dato en sus lugares de origen, de modo que los recien llegados se aparecían a cualquier hora del día o de la noche con sus corotos, como si llegaran a la casa de la Tia, y, no pocas veces ponían en apreturas a la dueña para lograrles una cama donde dormir, por falta de espacio; pero nunca cariño y unos porotos con rienda.
LA RESIDENCIAL, era elegante por fuera y por dentro, esa elegancia decadente que tiene clase, abolengo y tradición, acusando la pátina del tiempo de un par de siglos atrás de tiempo viejo de añejamiento. La fachada de color marfil opaco con silleria de piedra, estilo colonial afrancesado siglo XVIII, las ventanas alargadas como togas de Cardenal de vidrio catedral con mosaicos claros, los cortinajes densos, largos y encaspados de polvo color vino tinto, la puerta principal señorial presuntuosa, tallada en nogal viejo, se habría a la derecha en unas gradas que subían a los aposentos privados del segundo piso, los de mayor precio, a la izquierda, daba al salón de visitas, luego el henorme comedor con pretenciones versallezcas, que a su vez conectaba con un dormitorio multiple de trece camas incluida la chimenea blanca, sus alojados le pusieron el pretencioso nombre de “Casa de la Cultura”.
Al otro extremo había una puerta corrediza de vidrio hacia una especie de jardin de invierno, luego la cocina, el patio interior arbolado y las dependencies de la dueña y el personal de servicio
Siempre nos pareció que esa vieja casona, perteneció en sus mejores días a algún hacendado de la vieja oligarquía criolla, alguien asentado en el sur que se dedicaba al cultivo de la vid, alguien que heredaría de sus antepasados ibéricos esa cultura enológica de gustar exelentes caldos acompañando sus comidas mediterraneas, y, como idalguía obliga, plantaría sus vides en esos macroclimas ubérrimos a los pies de la cordillera en tierras de aluvión volcánico.
Criando vinos de raza, como el Concha y Toro, famosos en los paises vecinos y competidores sin mayores complejos con sus primos europeos, calificandose como los mejores tintos de las Américas.
Bueno, pues esa era la casa tan citadina y solariega al mismo tiempo, con la que soñaríamos en los duermevelas del exílio posterior de ultra-mar, pretendiendo consumar esa catarcis de volver al pasado constantemente, para acabar de vivir una experiencia inacabada, o mejor, interrumpida en el éxtasis del momento crítico, como un coitus-interruptus.
Así, LA RESIDENCIA ESTUDIANTIL, fué famosa desde avenida España a Vergara, y, de la misma Alameda al Club Hípico o Blanco Encalada,
En las tardes del bochorno veraniego algunos de sus perdularios y exóticos huespedes, plantaban una tienda Seminola en los verdes prados de la vecina plazuela Manuel Rodriguez, para sentarce ataviados de últimos Mescaleros anorécticos, en posición de meditadores de yoga, y, perderce en coloquios místicos o divagaciones filosóficas tántricas, al socaire siempre inspirador de unas volutas de cáñamo de los Andes, al centro, oficiando de sumo sacerdote, o de samurai zen, y, elevando plegarias al cosmos, posiblemente en trance de delirio, el Pepe Canedo con su traza de Cristo caido, los demas se preguntarían: Que siempre tenía ese Cochala para convocar a esas tardes de divagaciones alucinadas?. Misterio.
La Patrona, a quien llamábamos con cariño: Dña. Racka, era una dama solterona ya bastante entrada en años, cuyos padres habían arribado a las costas chilenas con la diáspora de la guerra civil española, de ahí su acendrado cariño a todo aquel que tuviera trazas de forastero, o buscara calificarce como profesional incierto, bajo el camouflage siempre certero de ser estudiante, aunque no necesarianmente estudioso.
El personal de servicio empezaba por ”Ñora Pili”, la exelente cocinera, ingeniosa para darce modos de preparar opíparas meriendas con lo que buenamente había en el mercado, que los tiempos no estaban de abundancias ni surtimientos, la mucama, la Srta. Nena, una simpatica ruzia del sur, tenía la gentileza, a veces, de subirnos el café y las marraquetas tostadas con mantequilla en las mañanas, el auxilíar, Guatón Yusey, el manitas ó chapuzas para lo que se presentáse de emergencia, y, por ultimo la asistenta de la dueña la flaca Mireya.
La debilidad de Dña Racka, antes que sus pensionistas, fuerón sus cuatro perritos enanos de raza incierta y nombres evocatívos quiza de urgencias pasadas como: Caprichito o Suspirito,
Pero, la particularidad de estos proyectos caninos fué disputarce a la gata Filomena con los gatos destartalados que la pretendían, relación anti-natura?, sin complejos?, vaya uno a saber,
En todo caso no dejaba de ser un espectáculo el intento de apareo entre esa henorme gata , y quienes eran conocidos como: la banda de los cuatro quiltros.
Los huespedes?. Una buena vaina de calidad prima, todos magnificos cachondos chavales, los nacionales desde Punta Arenas a Concepción, se acomodaban en La Casa de la Cultura.
Los otros, los foraneos, los llegados de los cuatro costados de ese desesperado continente increible por sus desdichas, se alojaban en las dependencias del segundo piso, así fueron: do Brasil, ché Argentina, choy Cochabamba, su mercé Colombia, chico Puerto Rico, maníto Mejico, en fin de todo y para todo, a la carta. Tambien había un conjunto de musicos chicanos que trabajaban en el Mon Big You de plaza Bulnes, y por ultimo el viejo aleman cascarrabias y prostático Willhelm, a quién deciamos Guichi, este era un reciclado de una de tantas pos-guerras perdidas en la vieja Europa.
Cuando llegaban los místicos vallunos Pepe, Nelson y Yolita, en La Pensión de producía un revulsivo, estos amotinádos, traían noticias truculentas de jornadas de resistencia a la dictadura andina, y, ademas aportaban sus experiencias y puntos de vista sobre lo que podría pasar en Chile; por que ya eran épocas de redoblez de tambores de guerra y sonidos de sables, el tiempo que todo lo puede, acabaría dandoles la razón. Y además, por que tenían la osadía de cruzar la frontera entre Charaña é Iquique en el Norte Chico, a pie y clandestinos, por sendas de herraje transitados por arrieros y contrabandistas temerarios
Como casi todos los pensionistas eran “Lolos”, las visitas fueron las “Lolas” del barrio.
Los fines de semana, se habrían las henormes ventanas de La Casa de la Cultura, que colindaba con un pasaje peatonal, al frente estaba la botillería de Dña. Paquita, quién atendía hasta que las velas no ardan. Entonces, se arrimaban los parlantes a las ventanas y sonaba como se acostumbraba decir: A todo chancho, Los Jaivas, Santana, Rabito, Jhon Mayal, Pink Floyd, Los Beatles,Jimmi Hendryx, en fin, todo lo que fuera “coático”.
Cabros y Cabras, bailaban, alucinaban, pinchaban y pololeaban en sana convivencia juvenil y fraternal, esas noches de La Pensión, eran una sola rumba de pelos largos, pantalones bota de elefante, camisas vaqueras, hebillas gruesas, collares de caracolas, y, la más absoluta convicción de sus actitudes “Progres” hasta las últimas concecuencias.
Los Isidoros, fué el apelativo con que bautizarón a dos “insurrectos herrantes” que llegarón de la vorágine de una dictadura, del país de las dictaduras infinitas –Gringo y Richy-, este par de vont-vivants, se las daban de émulos del tarambana sobrino del coronel Cañones de la Patagónia, bajaban de sus aposentos pasados de Old Spice, enbutidos en sus “chalecas” adquiridas en boutiques de pasaje San Diego, y, que tenían la particularidad de parecerse sacos de maraqueros ó trompetistas de orquestas típicas del Caribe, por los colores celestes y rosados encendidos, casi fosforescentes de escándalo, aunque ellos juraban que no era pá tanto, solo erán “paletós de playa”, y animaban a tomarce unos pisco sours-doble en la Sede Social de Carabineros de avenida España, a las voces de: Donde hay ruido?…Marchando!.
Los Isidoros eran de largo aliento, empezaban con aperitivos de locosmayo, luego asadores como el Chancho con Chaleco, la revista del Bim Bam Bum, discotecas de Santa Lucia, para acabar en puticlus de Maipó.
Y finalmente, curar “la caña mala” en las marisquerías de La Vega con el coñaquito de matute, para volver a La Pensión destartalados y con las depreciones en el cuerpo y el alma.
Total, ser Isidoros, no solo había que decirlo, sino, y sobre todo, serlo.
Los Titicacos, fué el nominativo que les pusierón apenas los vieron entrar en el comedor; por que eran dos paceños; pero sumamente paceños, hasta por los nombres, el mas viejo de ellos apellidaba Catacora y el menor Cusikanqui, llegaron becados por la Escuela Latinoamericana de Altos Estudios Económicos, por lo mismo que eran peritos economistas del BID en su país.
Como portaban una recomendación de altos vuelos, Dña Raquita, les habilitó una pieza doble con un henorme pizarrón para sus ecuaciones, logaritmos y reglas de tres compuestas. De modo que practicában las matemáticas modernas a su estilo: cogiendo con una mano la tiza y con la otra la copa de vino.
Uno de ellos, el más joven, al que llamaban ”Titicaco Chico”, tuvo un tórrido romance con la mucama La Srta. Nena, es más, se fugarón a Viña del Mar por una larga semana, dejando a los pensionistas sin servicio doméstico. Todo un acontecimiento y tema obligado de sobremesa y como no, tambien de guasa:
-Se pasó el Titicaco Chico, fijate que se fué de luna de miel con la Srta. Nena po.
-Nos cagó, nos dejo sin servicio, exquisito el chico po.
Su amigo, escaldado de verguenza no bajaba al comedor, tomaba sus comidas en su pieza, en algún momento le sugirierón bajar total él no tenía la culpa, no hubo caso, estaba indignadisimo: -Este carajo!, decía- me esta haciendo pasar la verguenza de mi vida, vamos a ver en La Paz.
Una otra característica de La Pensión, fué el horario trastocado de las comidas, así el almuerzo se servía a las cuatro de la tarde, la once tipo siete de la noche y la cena casi a media noche, solo se respetaba el horario del desayuno, y, más en épocas de pre-exámenes; por que había que aprobar y mejor con sobresaliente, para garantizar los pecunios de la mesada de papaito. Entonces, si se evidenciaba que los lolos de La Residencia Estudiantíl, erán estudiantes de verdad y a mucha honra.
El ocaso del Proceso Democrático. Como estaba casi cantado, vino el golpe con todas sus concecuencias, entre ellas el pavor generalizado.
En efecto, el señalado 11 de septiembre en el calendario gris del destino incierto del 73. La Residencia Estudiantil despertó con un alboroto callejero de sentimientos encontrados.
Era ese un barrio de clase media alta, y, logicamente de gentes de distintas censibilidades políticas.
Pero, lo que patentizó ese inédito cuatelazo en el país democrático por antonomasia, era que correrían rios de sangre y tambien de tinta para tratar de explicar, cada quién a su manera y estilo, el motivo o la causa de tanta orgía de violencia, que se sebó en moros y cristianos, viejos y jóvenes, hombres y mujeres, crédulos y ateos, leidos y neófitos, en fin, en gil y mil.
Tanto así, que a las dos semanas del pronunciamiento militar, la mayoría de los ilustres huéspedes de la RESIDENCIA ESTUDIANTIL, , fueron cargados como muebles de desecho, en los buses requizados de Inmobiliaria Santiago, y, conducidos al “golgota” del Estadium de Futbol , a su particular travesía del decierto. Sin nada que justifique el maltrato, la tortura, los interrogatorios y la humillación a que fuerón sometidos.
A no ser que se cumpliera la “profecía maldita”: De que en el mundo occidental es sospechoso, sin el beneficio de la duda, todo aquel que es jóven, es moderno, es leido, es ilustrado, es estudiante, en definitiva, es intelectual.
Los nuevos detentadores del poder, los nuevos Savonarolas, Torquemadas, la nueva Inquisición. Los fantasmas del ”bunker” hitleríano, segaron con la guadaña de la muerte en todo el Cono Sur, cortando cabezas y alimentando el fuego de sus tinieblas con los libros de la ilustración y el pensamiento.
Pretendierón neutralizar de esa manera a sus más ínclitos representantes: Hombres Jóvenes de pensamiento libre. Ilusos!. Las guerras no las ganan las balas. Las guerras las ganan las tesituras de las ideas!.
Despues del calvario de los interrogatorios y ante la prueba tángible de que no había grado de culpabilidad manifiesta, los jóvenes chilenos fuerón puestos en libertad, con la orden terminante de retornar a sus provincias de origen.
En la víspera de su salida del Estadium, fueron a despedirce de sus ”patas” de la Residencia, estos estaban en otro recinto y con la resolución del gobierno para dejar el país.
Sería una despedida emotíva, cargada de cariño y reminicensias, entre quienes compartierón un pedacito de juventud, amistad y alegría, tan corta é intensa, como el vuelo de una libelula que despues de aletear febrilmente al borde del fuego que la atrae poderosamente, acaba su existencia consumida por la voracidad de la flama.
Dña. Raquel del Canto i Sepúlveda, cerraría la Residencial. Obligada por las circunstancias y ante la carencia evidente de esá juventud primaveral de estudiantes en jolgório, a quienes quizo como a los hijos que le negó la vida.
Finalmente, como dejó escrito algun preso anónimo en las paredes de su celda de cautiverio: “No todo puede morir en mí”. No murió el recuerdo de esos mágnificos jóvenes, los que: desordenando el tiempo y quebrando las barreras de la distancia, siempre se acordarían, se enviarían saludos y contarían, que duda cabe, que en algún momento de sus vidas fuerón intensamente felices en LA RESIDENCIAL ESTUDIANTIL de Echaurren y Grajales, en el verano feliz del 73.

Memorias de Pudahuél
Verano del 73
Ricardo Raúl Cauthín Aramayo-Florez

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