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Soldadera

oktober 4th, 2008

La historia de ELLA y …..ÉL

La nostalgia terrible de una vida perdida,/ el fatal sufrimiento de haber nacido tarde,/ o la ilusión inquieta de un mañana imposible./ Con la quietud cercana del color de la carne.
F. G. LORCA

En la tarde que moría irremediablemente, vestida de celajes prematuros, despues de las primeras lluvias primaverales de ese tibio setiembre, goloso fandanguero de estudiantinas tuneras.
ÈL, precisaba hacer una llamada urgente, y, entró en la primera cafetería que ostentaba el letrero ”teléfono”. Los decibelios de la balada de José Luis Perales golperarón sus tímpanos:
-Y té hás colgado el bolso que té regaló./ Y aquél vestido que nunca estrenaste./ Lo estrenas hoy./ Y sales a la calle buscando amor.
La música, sonaba tan fuerte, que los parroquianos conversaban a gritos. ÈL, se acercó a la camarera y tambien alzando la voz díjole al oido. –Por favor, puede bajar el volumen debo hacer una llamada-.
Dirigiendose al teléfono, la vió sentada en una mesa contigua a la discorola. En ese instante, se cruzarón sus miradas, fué un momentico, que hubiera pasado totalmente desapercibido, como se cruzan tantas miradas, en tantos otros momenticos de la vida. Pero no!, esas retinas destilaban vitriolo y reminiscencias, visto quedó, que alguna vez anterior, en algún pasado instante, se cruzarón esos cuchillos ópticos, escudriñando sus intimidades pudendas, en la penumbra tibia envuelta en sabanas almidonadas, de algún motel perdido, así como sus miserias y sus instintos, vaya uno a saber.
Y dale con J. L. Perales. –Té vás, por que le dices que té marchas./ Que ya no puedes más./ Que ya estas arta de compartir su cama-.
Eran dos personas totalmente diferentes, no por razón del sexo; sino las apariencias y los atuendos. ELLA, éra una mujer relativamente jóven, aunque bastante gastada por la vida, vestia ropas censillas, más bien comunes marca nacional, tenía la cabellera cortísima, de esos cortes que deben durar cieto tiempo para ahorrar con el peluquero, apenas usaba maquillaje lo estrictamente necesario, el color de su piel morocho intenso, castigado por el sol, llevava el dedo anular de la mano derecha ajustada por una alianza de oro, tenía la nariz aguileña y prominente, como sería la de “Cochise”, los pómulos alzados, los ojos pequeños y rasgados con un fuego intenso, despedían una lumbre agresiva, provocadora, ojos de lince, sus formas redondeadas, bien proporcionadas, contundentes, fruto de la alimentación humilde, rica en grasas saturadas, y pobre en proteinas, aunque conservava la belleza bárbara y silvestre de una década atrás, como serían en su tiempo: La Malinche, La Perricholi o Pocahontas, hermosura fuerte, con olor a bozque y reminiscencias de barriada chabolera.
ÈL, trató de reflejarce en los vidrios de la discorola como ante ún espejo del tiempo perdido. Tambien estaba gastado por la vida, como no?, pero se notaba que llevó mejores días. Tenía la apariencia del naúfrago extraviado en playas remotas, la orfandad que se siente en la soledad del alma, que es la peor de todas las soledades. Sus ropas foraneas desentonaban con el médio, sus cabellos largos hasta los hombros, los bigotes incipientes a lo “Bronson”, los lentes gruesos de carey de miope, y tambien una alianza matrimonial de platino. No quedaba mucho del que partió, era más bien, un advenedizo en el lugar donde nació, uno que se fué sin haber partido, total, un clochard extraviado.
En ese momento bajarón el volumen de la discorola, los versos de J. L. Perales se ahogarón en las entrañas de los vinilos. –Que domingos de futbol metida en casa./ Es el amor, que como llega pasa./ Y él tuyo se marchó por la ventana./ Por que encontró un lugar, en otra cama.
ELLA, tomó la inciativa rapidamente, éra el reflejo de supervivencia que se adquiere en la adversidad diaria, , se levantó con la energía de una pantera de la mesa de donde estaba sentada, frente a una taza de té y un rollo de queso, tendió la mano con una sonrisa ensayada, mostrando los incisivos encasquillados con coronas de cemento blanco.
-Hooooola!…me enteré por la prensa que llegáste. Como hás cambiado!…, eres otro, como estas?…
-Pues nada!, dijo ÈL. –Aquí otra vez enterandome. Déjame recordar, a tí té llamaba si bien recuerdo: “Ojos de Perro Azul”, a que sí?…
-Evidente!, respondió y se le dibujó una sonrisa “ colgate”. –Éres él único que me á llamado de ese modo, como siempre tus manias de copiarte a Gabo, se ve que el exílio no te cambió en eso , ché!…
-No que va!, al exílio se sale relativamente facil, lo cabrón és él retorno, el volver a lo que no hay, a lo que fué y nunca más será!-…..
-Tampoco es pá tanto ché, siempre fuiste un exagerado, no te acuerdas?, siempre pedías el cielo, no te conformabas con el már.
-Si me permites, debo hacer una llamada, luego vuelvo y platicamos vale?. Enfiló al fono.
Volvió y ya estaban sentados frente a frente, como en pasadas madrugadas, en ese careo de celos, midiendose con las miradas. Sonó nuevamente J. L. Perales. –Prepara tu equipaje, que vás a partir./ Y arréglate, que no se de cuenta que hás llorado./ Y abrígate, por que parece que hace frio./ Y permíteme, hecerte otra pregunta más.
-Y bueno, dijo ÈL. –Qué de vainas, que es de tu vida, no te pregunto como estás, te veo espléndida!.
-Si?, no me puedo quejar, a pesar de todo salgo adelante, soy profesora y estudio derecho.
-Oh!, pués tía que buena honda no?, éres maestra y vás a ser abogada, dos sueldos no esta nada mal, al contrario, super oficial ah!.
-Que quieres!, los pobres tenemos que apañarnos con carreras baratas, no podemos como ustedes, hijitos de papá, egresar de colegios particulares, pagarnos cursos de ingles y mandarnos a cambiar a Estados Unidos, dizque a estudiar administración de empresas,ja,ja,ja.
-Bueno, tampoco es pá tanto, y en los sentimientos como vás?…sola?…libre?.
-No!, no vés mi anillo, estoy comprometida me voy a casar. Otra vez dolía J. L. Perales. –Y quién és él, que me á robado un poco de mi vida./ De donde és, a que dedica él tiempo libre./ Es un ladrón, que me á robado todo.
ELLA, atacaba inmisericorde, como antes, como siempre. –Tú tambien estás casado y bien casado, con esposa de altos vuelos, aquí se sabe todo ché. En que parte de Europa te matrimoniaste, si se puede saber?.
-Claro que se puede saber, faltaría más, en una capillita catalana en Montjuic y por él rito judeo-cristiano.
-Abras tenído luna de miél, como acostumbran los europeos supongo.
-Sí, supones bien, mucha luna y mucha miél, en las orillas del Adriático y los canales de Venézia.
-Claro, cuando sobra la platita, malo sería no darce el gusto no?.
-Si, muchisimo gusto. Que vainas!…Sabes, sigues siendo Ojos de Perro Azul, joder tía!, no tienes remedio.
-Y dime, sigues en la política?, decía la prensa que estas en campaña, ahora quienes son tus jefes?…ja…ja…ja.
-Bueno, tú sabes que soy reacio a tener jefes, ahora en campaña si, justo me acaban de confirmar por teléfono para ír a la provincia mañana, habrá un mítin y voy a hablar.
-Oh que lindo!, quisiera escucharte, antes eras un buen agitador, ahora con tus nuevas luces debes ser más ideólogo no?….
-Je, je, je, me esta tomando a guaza; pero vale te tomo la palabra, éres bien venida al mítin de mañana. Solo que… tú noviete, é… te permitirá?…
-Por que no?, él no es celoso, ademas es solo a oirte, que te esta himaginando?…Chistoso!.
ÈL, se himaginó lo inimaginable, y muy probable en las tables del “Karma” del retorno.
Mientras J. L. Perales, insistía majadero. –Le llamas, para decirle que le engañas./ Que de vuestro amor, no queda nada./ Que se buscó otro nido, que abandonó tú casa./ Que le faltan caricias por las mañanas.
ELLA, fué al mítin del día siguiente, se encandiló con su verbo renovado, se quedó al ágape posterior, dejó que pase el tiempo, las horas, alabándolo, bebiendo, bailando cada vez más pegaditos. Y, a las tantas de la noche, cuando ya no era posible retornar, dijo con toda naturalidad. –Ya no puedo volver, esta noche mé quedo contigo.
Quiza, no estaba del todo conciente que con esas palabras, prendía con liquido inflamable la pavesa de antaño, que ardería como un infierno por más de dos décadas de relación tormentosa, sin presente ni futuro, ni nada parecido. Sino, simplemente como la ruta de viaje de un Subersivo y su Soladadera. De un Alzado y su Bola Suriana. ÈL a caballo ELLA a pié. ÈL con las ideas ELLA con los aparejos del combate. ÈL Juan ELLA Juanada, así de claro.
En todo caso, el acuerdo fué meridianamente pactado, sin lugar a malos entendidos ni reclamos poteriores. En la madrugada que despuntaba despues de la entrega total sin concesiones, ÈL fué taxativo en el descanso biológico de mezclar los sudores.
-Tú bien sabías. Yo no soy hombre libre y tú tampoco. Soy hombre casado y tú mujer comprometida. Si quieres solo puedes ser esto: Mi Soladadera, nada más!.
-Sí lo sé!, repuso ELLA con la certeza de que confirmaba una profecía. –Siempre lo supe!.
-Entonces sin cobrar sentimientos ni peajes es Ok?.
-Ok. Guerrero!…Ok. Sultán!…,sin arrepentimientos-. Concluyó resolutiva.
Y volvierón al amor desaforado, ardiénte, adúltero y contrariado, como sería la de Betazabé, mujer del General Urios, con el Rey del clán de los Hebreos.
Estaba escrito en el talismán del retorno, que se cumpliría el denso enigma de esá pasión malsana y caprichosa, como años atrás los envolvió en su fuego destructor con idénticos roles. ELLA, como el apoyo logístico en la FES, siempre en la sombra, siempre en los lugares discretos, hasta en las “partuzas” de a cuatro, en bares semi-clandestinos, con su amiga la Gorda y el Tokio, para amanecer en el cuartito de soltero, y luego partir cada cual a lo suyo.
ELLA, a su vida censilla de barrio marginal y muchacha pobre.
ÈL, a su noviecita de siempre, la intocable, su vida social y familiar y su condición de chaval pequeño burgués, a su hobbie de hacer política, por snobb, por ser útil socialmente o por contradecir a su padre?, nunca se sabrá. Lo increible, fué cuando ”se acabó el recreo” y llegó el envierno de la dictadura. ÈL, se “chupó” solito las concecuencias del jolgorio, en el largo tiempo de penal y exílio. Por su boca no cayó nadie, y menos ELLA, que la tenían bien ubicada, y jodían en los interrogatorios. –Y donde esta “tu cuero”, esa del Liceo?, y su amiguita ah?, donde viven?, por que no vienen a visitarte?.
En fín, todo quedó en lo comido por lo bebido, en el pacto del silencio. Y cada quién corrió su mundo, ignorandose olimpicamente por casi una década. Hasta la malograda tarde septembrina de los versos de J. L. Perales. –Ayer se fué./ Tomó sus cosas y se puso a navegar./ Y a su velero le llamó Libertad….Libertad.
Ahora, se aparecía nuevamente en su vida, como el Fantasma de la Ópera, o el Flautista de Amelín, a encantarla otra vez, con cantos de sindérecis libertaria, convertido en un surrealista convencido, fuertemente influido por las corrientes modernistas europeas, más radical, más ácrata y cultivado, con ésa aura de superviviente del apocalipsis.
Que hostia más cachonda!, ELLA, nuevamente se embarcaba en otra aventura de estridencias y silencios, de multitudes y soledades, de presencias y ausencias, en una carrera sin norte establecido, muy parecido a lo de Bonnie and Clyde: -All you need is Love, only Love!…
Así, convertida en Soldadera fué como su sombra, sacó tiempo para ÈL de donde no hubó, y ya estaban viajando por las provincias, bajando a la selva o subiendo a los páramos cordilleranos. ELLA, siempre atenta a que viaje cómodo, descance suficiente antes de los mítines, aliviando sus depresiones congénitas con la terapia tierna, cortesana é intensa del amor en los duermevelas de sus encuentros íntimos.
Hasta aquella gélida mañana en que le despide en las dependencias de la embajada de Méjico, rumbo a otro exílio, sin promesas de fidelidades, congruentes con su ley que se impusierón, y cumplían a rajatabla: Si te é visto no me acuerdo.
O cuando acude presurosa é intensa a su llamado de darle cobertura para cruzar juntos la frontera, a pié y por sendas de herraje, y entrar clandestino a lo mismo de siempre.
En ese entonces, se eslavonan sus vidas por una penosa cadena de llegadas y partidas, sin tón ni són. ÈL, aparecía cualquier madrugada y siempre encontraba el lecho tibio, a veces con olores de otros amores, más no estaba permitido pedir explicaciones, el pacto éra el pacto, y a veces partía raudo dejando sus sabores, la sombra de sus caricias y el discurso a medio hilvanar.
De pronto ELLA, La Soldadera, La Ojos de Perro Azúl, se cansa de esperar una señal de amor duradero, amor del bueno, y hastiada de verlo navegar en ése már de autodestrucción compulsiva, sentado todas las benditas tardes bajo la misma palmera en los prados del bar Haiti, con sus amiguetes ”jailones” de siempre. Decide parar y poner un punto y final, montandole la primera y no última encerrona traicionera con su gente de su medio chabolero, le acusa de dipsómano y pringado en seciones de ”pichicata”. Ese preciso momento ÈL, tambien se plantea el final de la historia, que ante una mujer desengañada y vengativa, la mejor baza es la retirada. Parte a millas de distancia, enrocandose nuevamente en su Real Politik, esa que maltrata a sus legales servidores, es un patrón exigente y no siempre remunera, esa profeción que no conoce ”el retiro”, la jubilación; por que él Polititian Outsider de ayer, és él Gerontócrata de mañana, que luego será requerido para sacar las castañas del fuego, o sea la ley de la política seria.
ELLA, se queda atrincherada en su izquierda clonada en las entrañas de la postergación y la espera. Su izquiera jurásica de instinto gregario. En la busqueda de un amor estable, amor de largo aliento, amor del bueno, amor que cure las heridas!…Y ésta vez convencida, de que se perdierón de vista para siempre, hasta la eternidad.

Aixi d´estiv en tarda xafagosa,
Uns núvols tot just nats,
D´ ala negrosa…
Así de verano en tarde bochornosa,/ unas nubes tempranas de ala negruzca…

Ciudad Cóndal – Plaza Canaletas
Verano del 2007
Ricardo Raúl Cauthín Aramayo-Florez

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