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Charada

oktober 24th, 2008

Oh! Elles le savaient. Tout le monde le savait./ Les papillons aiment mourir./ Ce nest pas une mauvaise politique./ Ce ´est une Charade!./ Tu vas rêver de moi ”femme fatale”?….

-Oh! Lo sabían. Todo el mundo lo sabía. A las mariposas les gusta morir. No es mala política. Es una Charada. Soñarás conmigo mujer fatal?-…

Parecía inverosímil que a esas alturas del partido. Y, despues de todo lo vivido, planificara hasta en él ultimo detalle, ese ajuste de cuentas, con tintes melodramáticos propios de malevaje, como los que se dieron esa tórrida noche de febrero, justo en las vísperas del carnaval carnestolendo.
Ùltimo jolgorio populachero que Lautaro pensaba permitirse, en ese país que ya le éra ajeno del todo. Sería con cita de charangas, serpentinas, baile, juerga, bebida y demás completada, hasta la ”cacharpaya”, la despedida del Dios Momo.
Todo estaba previsto para festejar en sus pagos provincianos del Valle Alto, con sus compadres de toda la vida, los ” cuatachos” que todavía quedaban vigentes y la ex noviecita de su época estudiantil en Tarata, la bella arbieteña Amandita Amurrio i Laredo.
Tanto así, que habían planificado, bailar en la comparsa juvenil del pueblo y jugar con agua durante el día, sin abusar de la bebida, para amanecerse en los cotillones de las Quintas de Cala-Cala, los bares del Prado o los banearios turísticos de la Blanco Galindo.
El martes de ”challa”, brindar por el éxito en los negocios, en la ferretería de su compadre Lucho, el restorant de su otro compadre Chatito, y degustar ese exelente cocido criollo ”la chuma”, que tambien se le daba a la ”jatum comadre” Asuntita.
En la víspera de tentaciones, beber hasta más no poder chicha especial ”chuspillo”, y así hasta el Entierro de la Sardina, soñando con otro carnaval imposible de existir en su futuro incierto.
Para luego retirarce a sus cuarteles de invierno. Despues de todo ya no quedaba nada por hacer, todo se fué pál carajo, se quemó una etapa y, había que esperar que el tiempo, que todo lo puede, decante la situación, ponga las cosas en su sitio. Dejar que los unos, continuen su periplo de auténticos “trepas”, pisando a gil y mil, para encumbrarce en los precarios olimpos del poder. Y los otros, a seguir madurando las bondades de la democracia libertaria permisiva para todos o para nadie.
Lo que no pudo intuir, por falta de olfato, intuición ó su innata candidez ante él peligro, era que “ la femme fatale”, tambien se enteraría de los planes del fandango carnavelero junto a su gente linda. Eso rebalsaría su furia por que no estaba tomada en cuenta y, entonces planificaría una respuesta, una lección, una venganza, una encerrona traicionera…. Una Charada.
De todas maneras al ingenuo Lautaro, no le pareció fuera de foco esa citación urgente, con el argumento baladí, pero propia de las fiestas del ”pepino”, de que dña. Panchita inaguraba esa noche la apertura de su cantina, destapando sus toneles de maseración de chicha morada, conocida como ”kulli”, solo para amistades de mucha confianza, razón por la que él guateque, se realizaría a puertas cerradas, casí clandestino.
El argumento casí conjugaba con el libreto, de no ser que la inauguración, se realizaría en su barrio chabolero, uno de los tantos conocidos como zonas marginales que rodeaban la ciudad. Esa especie de tolderías habitadas por migrantes bajados de la alturas serranas, en busca de una oportunidad para ganarce el sustento, una vez agotados los veneros de minerales no renovables.
Estos grupos humanos, al perder su condición de proletarios y verse salvajemente transplantados en un habitat distinto, y sin oficio ni beneficio, engrosaban los sub-estratos de desocupados, constituyendose en mano de obra ”chapuzera” y barata, en lo que se ofrezca, eran los toderos. Algunos de ellos, habían militado en la organización para optar a becas para sus hijos, en el llamado campo socialista o viviendas mineras. Y, una vez relocalizados, volvierón a nuclearce en Celulas Marginales para beneficiarse de fuentes laborales.
Uno de estos grupúsculos se formó en la barriada de la femme fatale, ” El Lata Punku ”, y se hizo de triste fama por su conducta liviana. Eran conocidos como la celula de los borrachitos; por que mataban el tiempo en las chicherías. Sus integrantes individuos de mucho cuidado.
Grafiquémoslos: Los que mandaban eran dos hermanos que padecían macromegalia, más conocido como gigantismo, tenían crecidas las mandibulas, las manos y los pies ademas de la estatura, y producian temor y pena al mismo tiempo, les seguían con devoción ovejuna el resto, algún cuñado ú otro pasado enamorado de la femme fatale, la temeridad de estos individuos quedó comprobada cuando uno de ellos, conocido como “hermano del Café”, intentó volar con un taco de dinamita el portal de un instituto particular de ingles, en los predios de la plaza Colón al calor de una marcha estudiantil.
Se vió el odio y resentimiento cerril que tenían a todo lo que tuviera olor a citadino o pequeña burguesía, cuando intentaron boicotear una parrillada de los militantes de la ciudad en un chalet privado del Rosedal de Cala-Cala, sin importar las personas presentes, distinguidas esposas y novias, así como niños.Al ingresar fuerón confundidos con plomeros, por sus aspectos vulgares, luego el “hermano del Café” dijo que eran “visitas proletarias”, pero sus actitudes chabacanas hizo que se les expulsara con los guardias jurados del lugar.
Otro lamentable episodio se dió, cuando vecinos de la población Tacata de Quillacollo,les reconocieron como asaltantes armados a la fabrica del ingeniero Velasquez, como posible represalia partidaria, en él asalto fueron reconocidos los gigantones y el vehiculo del proyecto desarrollista conocido como “los holandeses”.
Y la motivación que más pesaba para organizar la encerrona tramposa,La Charada, fué él manifiesto odio y venganza jurada a Lautaro. No les gustaba en absoluto su procedencia social, su narcicismo, su desparpajo y hasta su fanfarronería cuando le daba por aparecerse luego de alguna parranda, encaramado en su jeep Wyllis de perdulario, a saludar a la femme fatale, y a veces llevando conjuntos de cuerdas a dar serenatas.
Estos lo tomaban, quiza con razón, como una humillación del pedante con sus pecunios, su sobradez incurable, su vanidad cursi, esa necesidad de ser admirado por las “lolas” liceanas, y quizas odiado por los hombres. Por que vistas las cosas, parece que ya arrastraba como un dogal su síndrome de intentos autolíticos.
Por eso, se sintió obligado a aceptar el convite, puesto que ambos ya transitaban por los prolegómenos de esa relación extraña, habitando mundos de sentimientos virtuales, de dos realidades antagónicas, dos velocidades equidistantes, falsas promesas, besos fingidos. Donde lo único de verdad, lo único contante y sonante, erán los actos carnales del amor, como un obscuro deceo de pasiones imposibles, añoranzas que nunca podrían ser.
Así, Lautaro, se presentó tán puntual a la cita fatal, como para rezar el último responso del occiso. Al traspasar los batientes de la Cantina, salió deboradora, profunda y aguardentosa la voz de Chabela Vargas: -Soy como él viento que pasa./ Alrededor de este mundo./ Ando entre muchos placeres./ Ando entre muchos placeres./ Pero no es tuyo ninguno.
El ambiente estaba ófrico a esencias baratas, maleado con olor a peligro, al fondo, alrededor de la henorme meza, bien parqueados Los Valentones, “ los borrachitos”. En las otras mesas otros hombres sudorosos, machotes, canallas. Sintió ganas de no haber entrado, se vió solo y huérfano como estaría Billy the Kid frente a sus verdugos.
Volvió a latiguear el corrido: -Me cansé de rogarle, me canse de decirle./ Que yo sin ella de pena muero./ Más no quizo escucharme, si sus labios se abrieron, fué pá decirme./ Ya no te quiero. Entonces, sintió la premonición de que estaba en un lugar donde había que llegar con la garantía de alguno de los suyos, un seguro de vida, guardias jurados ó cuando menos un arma en el bolsillo, le golpeó la certeza de que ahí su vida ni valía nada.
Estando en ese trance existencial, se le acerca Francisca portanto en la mano izquierda una totuma de chicha y alargando la derecha, diole el saludo: -Pase pués, le estábamos esperando, sirvace este brindis. Me va a decear “buena venta”, las mujeres estan en el patio, donde gusta sentarce?-
Tentado estuvo de responder: -Lejos de estos prójimos prepotentes, donde haya gente de paz-.
Pero, se escucho decir como para si mismo: -Gracias!…me siento ahí adentro con el gallinero.
Las mujeres, apenas le vieron saludaron levantando sus copas, mientras se dejaba sentir el guapango: -Todos te dicen el Negro llorona./ Negro pero vanidoso./ El que no sabe de amores llorona./ No sabe lo que es sabroso.
La femme fatale estaba pálida, dejaba entrever que le comian los nervios, algo no natural en su persona que era casi siempre segura de si misma, hasta en los instantes más críticos de sus crisis convencionales. Acercandosele a su mejilla, en lo que debía ser un beso, y no fué, le susurro al oido: -Era mejor que no vengas, no se!, tengo un mal presentimiento-.
Ni modo, ya era tarde para recular, y despues se vería, tambien necesario para hechar sobre ese episodio de sus vidas, la cal del olvido, mientras desgarraba la ranchera: -El día que yo me muera, que sea de cinco balazos./ Y estar cerquita de tí, pá caer en tus brazos./ Hay…hay,…hay corazón por que no amass?-.
En algún momento de la francachela instalarón el ”tribunal inquisidor” en el traspatio de la casa, y enviarón a llamar al ”purgado”, el citador, el Judas de turno, naturalmente fué el cuñadisimo. El azorado Lautaro, quedó impresionado del ambiente del corralón en el descampado, había un poste de lúz de donde colgaba un foco de 15 watios, con una luminosidad tan débil, que parecía una luciernaga en las tinieblas indicando él improvisado mingitorio, al fondo una puerta de uralita que daba al canal de riego, en la obscuridad de la noche solo se podia adivinar las sombras de Los Valentones, cuyos rostros cobrizos se iluminaban a cada chupada de sus cigarillos, parecían monolitos danzando alrededor del tisico circulo de claridad de la debil ampolleta del water, como para colorear el momento, llegaban lejanos los sones mejicanos: -Y borracho y cantinero, siguierón bebiendo y bebiendo./ mariachis y cancioneros, los estaban diviertiendo./ Pero, se sentía el ambiente, muy cerquita del infierno..
La encerrona estaba servida, y empezaba el interrogatorio directo, brutal y cargado de odio, todos tenían un juicio que formular, sin conceder lugar a la respuesta, o quiza esperandola para reaccionar con violencia fisica:
-Sabes?… No nos gusta que vengas a nuestro barrio.
-No estamos de acuerdo con que dirijas el Regional.
-Tienes que renunciar al Secretariado.
-Te estas burlando de mi cuñada, la estas perjudicando.
-Era mi novia, con que derecho me la hás quitado.
-Dice que estas averiguando si nosotros fuimos los “paras” de Tacata.
Finalmente!.. Dió el veredicto él jefe, él mayor de los macromegálicos: -Si insistes en dartelas de pendejo. Te vamos a sacar la mierda y bien sacado. Estamos cansados de tus aires de jailoncito y sabelotodo del Regional, sino renuncias, nosotros nos alejamos, estamos?…
“Unfortunate Billy the Kid whith your Judges”.
Lautaro, se irguió como lo haría un auténtico boxeador incombustible, que se atreve a pararce en las últimas décimas antes que él referee cante el diez, o arrojen la toalla al ring.
Miro en torno suyo, no se veían los rostros, solo él bufar de las sombras. Se oyó su voz que no salía de su garganta; sino de sus jugos biliares ante tanto derroche de testosterona de Los Valentones: -Solo voy a decir tres cosas. Como podran suponer no vine solo, vine armado- y mostró el colt a la luz de la bujía. –El Regional, gané en elecciones limpias, y ál sabotaje de los holandeses tuvimos que disolverlo. Lo último, nunca andube por estos lugares buscando mujer, si algún encoñamiento hubo, tiene que haber sido por que la mujer consintió. Adios!.
Fué reculando hacia las voces de la cantina, se le acercó la femme fatale, mostrando que fué demasiado lejos con su venganza, pretendió pasarle los brazos por los hombros, se hizo a un lado, gritandole a los oidos: – Con permiso, me retiro!-…Cruzó seguro el par de cuadras que le acercaban a la Simón López y cruce Taquiña, ahí se podía coger un taxi, por que en esa zona funcionaban los lupanares públicos y clandestinos.
Espléndidamente relajado y con los ojos cerrados, en la tibia cabina presurizada del jumbo-jet de Air France, a 20.000 pies de altura sobre él Atlántico, rememoraba como un mal sueño que nunca, nunca se repetirá, siendo más bien un accidente casual de su época de ”omnino esse dinoscitur”. Una Charada a los sones de corridos rancheros.
-Ella quizo quedarce al estilo Jalisco; pero aquel tequila y aquel mariachi la hicieron llorar./ Y ya estaba escrito que aquella noche perdiera su amor.
Mezclado con el rumor de los tristes recuerdos, campeó la voz suave, melodiosa, gangosa con saudades mediterraneas: -Monsieur. Veuillez m´excuser d´avoir ton Calavados. Vous destres du caviar?.
Era la voz celtíbera de la bellisima aeromoza de a bordo.
Oh que alivio! Tan cerca de Francia y tan lejos del limbo. Uh la…la…Paris, aunque ahora debe estar húmedo y frio, no importa, que coño!, el domingo paso a saludar al serrano Cesar Vallejo en su última morada, el camposanto de los elegídos de Montparnasse.
-Hay cosas en la vida, tan fuertes yo no sé!.
-Son golpes como el odio de Dios; como si ante ellos la Resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma.
-Yo no sé!.
Los Heraldos Negros

Paris – Retiro de Chatenaouí Malabrie
Otoño del 2000
Ricardo Raúl Cauthín Aramayo-Florez

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