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Pacto en Barcelona

” Se puede morir por las ideas, pero nunca matar por ellas”.
Melchor Rodriguez, militante ácrata-humanista, España 1938

Kochalas en Barcelona.
Tál como estaba decidido en el acuerdo de ”amigos” firmado en el bufete de abogados de carrer Ferrán, Maquisard, tenía que desocupar el piso en un tiempo relativamente corto.
Se acabó el amor, se acabó la convivencia, la relación, la paciencia, en fin, se acabó todo, incluso la joda, así de simple.
De modo que haciendo los últimos inventarios de viejos cachivaches, de ropas pasadas de moda de perdulario ”travoltiano”, de trofeos coleccionados en amores pervertidos, de archivos apolillados con poemas libertarios, de fotografías borroneadas por el tiempo, de discos roqueros rayados de tanto abusar de los surcos sobre los vinilos, hala!…que sorpresa!, aparecieron los postreros números de aquel boletín de seis hojas que hacían circular clandestinamente en la facultad o el comedor universitario,y, a veces panfleteaban en las horas punta de Plaza Canaletas. “A las Barricadas”, acratismo puro, inocente, cándido y quiza inmaduro, y por lo mismo certero y atrevido.
Es que censillamente parecía incredible, collóns!… Que toda esa historia tenía que ser borrada, “ dels studis” que compartieron durante más de media década, en ese barrio bohemio, ilustrado, portuario, decadente y puto de Pau Palaú.
Plaza Palazio-. Habia que decir en otras épocas, cuando no estaba permitido “parlar catalan”. -Haber si te ubicas Tio, joder macho!-. Dels llavis dún malalt de cor.
Pau Palaú, regodeandose con la Barceloneta, la estación de Francia, la vieja estación Central, el Puerto, la Marítima, su restorant de altos vuelos: Las Siete Puertas, galardonado con varios tenedores de la guía Michelin y sus sabores de abolengos sibaríticos, a golpes de trufas y billeteras gordas; pero tambien al otro lado, la antigua bodega castiza y tradicional de enjundia casera: Chistorras, chorizos, pepitos, morcillas, tacos de jamon, escanciados con copas copiosas de auténtico Cava Catalán.
Pau Palaú, imposible de negarce, ahí vivió con sus dos hijos los años más prolíficos de ejemplar padre, si es que alguna vez lo fué. Ahí pasaron sus mejores navidades, encargando la cena al chef Tonet, el cocinero “gay” del Costa Brava Express en carrer Marquesalls, esas noches viejas cenando y tomando las uvas en la Gamba de Oro de avenida Constitución, alrrededor de una parrilada de mariscos, vino Ribeiro, chupitos de yerbas dulces y crema catalana. Sus dos chavales, chochos de la vida, disfrutando ahí mismito en la Marítima, la Cabalgata de los Reyes Magos, abriendo alborozados los regalos comprados en las vísperas en El Corte Inglés. Algunos fines de semana aburriendose sentado en los parques del zoológico, mientras sus ”churumbeles” no se cansaban de festejar las gracias de Copito de Nieve, el gorila albino y su serrallo de poderosas hembras peludas de color negro tinto: -Es que es época de calores y Copito ya esta haciendo guarradas-, decían las malas lenguas.
Sus hijos, una de las pocas “victorias” que le pudo ganar a la vida, ese hecho natural y biológico de perpetuar su especie contra los designios de los que le marcaron como él enemigo a batir, -els mals parits dictadors-, y no en uno, sino en varios paises.
Los nietos que reclamó su padre en su lecho de muerte, y no les pudo dar su última bendición.
Sus hijos, nacidos en el exílio y el desarraigo, que se tuvieron que adaptar a tener varias patrias y al mismo tiempo ninguna, y, que en esos años de Pau Palaú se fueron catalanizando de a poco, a la niña le dió por bailar jotas y sardanas, y al chaval el ir hablando la lengua de Sant Jordi con acento de las serranías de Montseny, Sant Llorenc o Montsant. Su pequeña familia “charnega”. Tan charnega como él mismo.
Todos estos recuerdos guardados con esmero y vocación de inventariador del tiempo, en la buhardilla del estudio de Pau Palaú. Ese, en cuya terraza amplia , soleada y contemplando hacia las convergentes de Porten Baucells y Granoller, se sentaban todas las veladas vespertinas, los cuatro compadres del alma como citados por él destino. Cuatro ”cimarrones” llegados con la diáspora del exílio cochabambino, a la maravillosa Ciudad Condal, Barcelona la magnífica, Barcelona la culta y aburguesada capital de Catalunja. La de las Ramblas de Les Flors, Desl Studis, de Sant Joan. La Sagrada Familia y la himaginación totémica de Andoni Gaudí. La de la movida nocturna de la Marítima, El Paralelo, la Via Layetana, el Barrio Gótico,la del derroche culinario de La Boquería, la sordidez turística del Barrio Chino, la de las demostraciones reivindicativas de Plaza Canaletas, del derroche de escritores, escultores, pintores, canta-autores, tenores, sopranos, la de la institución futbolera más grande del mundo: El Barca, gustadora del ”jogo bonito suramericano”. En fin, cultura por donde se vea y se mida, hasta ese maravilloso mecenazgo de oportunidades a la pléyade de deicidas literarios, llamados El Boom Latinoamericano. Sus políticos auténticos, de raza pura, desde Maciá, Companys, Tarradellas, Pujol, Maragall o Carod, y, por último su catalanismo militante de costumbres, tradiciones y solero autonomista, forjado en él sentido más noble de su caracter mediterraneo, que supo sobreponerce a los abolengos de los que presumian los castellanos.
En esas saudades de la Barcelona futura anfitriona de los Juegos olímpicos, estos ”cuatro mosqueteros”, se juramentaron en Un Pacto de Caballeros, como esos de los Templarios para volver a Tierra Santa. En este caso a sus querencias vallunas. Intimando y exaltando los recuerdos de sus paisajes templados, sus algaradas estudiantiles, sus escarceos amorosos, su militancia libertaria hasta la espantada hacia tierras del exilio.
El Pacto del Retorno, a ese Macondo de fábula que tenían por patria de tragedias y guerras todas perdidas, donde los ex-combatientes de hoy eran las glorias del pasado, esperando en la soledad sus grados de coroneles en reserva. Ese país con trazas de Comala desmenbrada con vallas, pircas, reservas, alambradas, cuadriculado prisionero de sus demonios sin exorcisar. Y al que le tenían definitivamente esos amores dificiles y contrariados, que por lo mismo, no eran los más faciles de digerir ni sobrellevar, cuál códigos deontológicos de la vida.
Entonces, al partir embalarán en el equipaje del recuerdo los amaneceres y anocheceres de “marcha”, en los restoranes de los portales arquitectónicos de caledoscopio sincrético y extrovertido, arte clásico y ecléctico de Plaza Real, vacilando los cantes jondos de esa gitanilla de antología de la Andalucia Baja a orillas del Guadalquivir, gitana pura, auténtica.
-Tanto guzto, zoy Paquita la de Loz Tarantoz, pá zerví a Dió y zuz zeñoriaz, guztáiz de una zolea?- . Cante profundo, misterioso, antiguo, relator de dramas indefinibles, escalofriantes.
-La luna se esta peinando/ en el espejo del rio/. Y un toro la esta mirando/ entre la zarza escondio-. El lamento camborio de la leyenda del tronco negro de Faraón. –Que vivan los novios,…. que son gitanos….Y olé… olé… olé.
La Andalucía feudal de los saraos, de los gañanes, los mayorales, los mozos de cuadra, los picadores, rejoneadores, y la de los ”torerillos” esos que hacen ”luna” a escondidas en las dehesas abandonadas. –Banboleiro….bamboleiro…por que mi vida yo la prefiero vivir así-.
Collons!…había que encaramarce sobre la meza y darce unos pases de rumbla flamenca, ya esta!.
Y así, con la vida medio solucionada y disipada, nuestros cuatro personajes estaban con las carreras terminadas, tres médicos y un consultor social, haciendo trabajos curriculares y barajando su futuro a cara ó cruz, de entre quedarce en Europa y hechar raices con esporádicas visitas de turista a la “querencia”. O la siempre audaz aventura de cruzar nuevamente el “charco” y probar fortuna, esta vez al amparo de los nuevos aires de democracia concertada, y de los cuales eran promotores con derecho adquirido por su pasada militancia. En las tardes calientes de la tramontana que soplaba del Sahara africano, y batia sin piedad toda la Costa Brava, con temperaturas cercanas a los 40 grados, se dejaban a la bartola en las tumbonas de la terraza dels studis, arrullados por suaves melodias de la emisora catalana Cadena Díal, y adormecidos por los vapores etílicos, degustaban sus tragos preferidos, a uno le encantaba el potente rón Pujol, al otro los cubatas de Larios, al tercero vinillos de crianza del Panedez, y él ultimo, era un todo terreno, empezaba con cerveza fuerte Boldam, luego lo que se terciara, que la vida son dos dias.
De modo que daban forma a la figura del retorno, moldeandola con copas y cantares: -Volveré….Envuelto en niebla volveré,/ como un fantasma volveré,/ a quemar mis naves volveré,/ a palpar tus sueños volveré,/ a engendrar en tu vientre volveré-. Repetía la cálida voz de Serra Mosach en Cadena Díal.
Volver a que?… A servir al pueblo. A hacer patria, viejos slogans gastados por el tiempo. –A currar como un pardillo, joder!, en el último rincón, donde no llegan los ilustres diplomados de las universidades de la nación. Nosotros practicaremos los derechos humanos de Sartre y Camus, collons!. Aprenc que sols lánima es mor.
Sería así? O eran los alcoholes que estaban “curreleando” las neoronas del cerebro?. De ser así: Carlitos Etcheveste – El Adobe-, dijo que haría su año de provincia en el último rincón de la selva, allí donde solo se llegaba en canoa. Mitojaí Villegas –El Tímido-, se iva a San Pedro de Buena Vista a parar esa posta sanitaría que tanto se necesitaba. Maquisard -El Charnego- se enrolaba a manejar un proyecto desarrollista de Holanda en la provincia, allí donde ni él diablo hacia pascana; por que eran tierras de eriales. Arzov Quiroga – Quiroguin- se instalaba con su clínica en el Valle Alto. Parecían demasiadas promesas, como el dicho aquel: Promete, promete hasta que mete. Una vez metido, nada de lo prometido-. Pero como se verá, no todo quedó en gilipolleces, firmaron el Pacto y ……Volvieron!.
Entonces, quedaban los prolegómanos de organizar la despedida, que sería con mucha agenda de buena meza, marcha ruidosa y alguna última corrida; por que no debía ser de tristezas, sino de saraos. Jala! A parquearce en algún bar de las Ramblas, tomar el martini con una de anchoas y otra de angulas, luego a almorzar ahí a la vuelta en El Lince: mejillones al vapor, ternera a la plancha , pimientos rellenos y tarta de limón con crema. Tambien había que “fabarce” una vez más en los bares preferidos del Callel del Carme, hostias!, donde servían opiparamente aquel magret de pato, la cazuela de fabés con almejas, lubina a la sal, queso con merengue helado y los carajillos con Osborne. Las tias del alterne, folladoras de tremendo bacalao, verdad que si?. Y se debían despedir de esa leyenda viva del toreo, Joseito: El Niño de la Capea, viejo novillero que acesoraba a novatos, ganaderos y amigos ”sudacas” con todo respeto, en el Monumental coso taurino de Plaza España, empitonado varias veces por astados bravos vivia para contar sus historias: -YO, en los ruedos –decía- é sio mú bragaó, siempre tuve ló cojones mú pegaditos al culo, como los chivos-. Eso sí, solo aceptaba la tertulia en sus peñas preferidas y al socaire de copas calientes de queimada catalana, faltaría más.
Quizas lo ultimo, saludar a los Tios Cachondos, los chicos esos cantores folclóricos que se ganaban las pesetillas en la boca del metro de Pasaje Sanz, estos paisanos se ganaron la voluntad desde la primera vez cuando casualmente entonaban los aires vallunos del maestro punateño don José Ferrufino: -Viva Cochabamba maillapipis-. Joder! El himno nacional de la Villa de Oropeza, lueguito fueron recompensados con sendos botellines de Cruz Campo. Desde entonces, cada vez que pasaban por Pasaje Sanz, los Tios Cachondos, interrumpian sus pasacalles o él Condor Pasa, y, con fuerza carajo a todo pulmón: -Oh! Compañeros vallemanta….Viva Cochabamba maillapipis-. Sus botellines Cruz Campo, con mucha discreción, sin provocar hostias, -salud hermanito, por nuestro querido valle ñañay-.
Oh Barcelona!, la tolerante, la urbe más latinizada de la España de aquellas épocas. A l´endem´a del meu repós.
Entonces, y solo entonces partieron con la certeza de que él retorno significaba de alguna manera, no rendirce!, demostrarce a ellos mismos que no aceptaban la derrota del exilio.
Y jala!, rumbo al mar de los Sargazos, ese que señala Colón, el soberbio Almirante de la Mar Oceano, en su eterna estatua al final de Las Ramblas. Ese, que sostenían unos que apuntaba con su dedo a América. Otros juraban que solamente al sur, y los había con mala leche que se cachondeaban sosteniendo, que Colón no apuntaba a nada de nada, sino que decía: Esto es para que os metaís en el………….!. Así para todos los gustos, como funciona la democrácia, collons!.
Para concluir este Relato Real, resumimos las tristes andanzas de estos cuatro caballeros andantes por tierras de sus pagos, y es como sigue: Mitojaí –El Tímido-, cumplió con su misión de pretender parar la posta sanitaria, acarreó hasta la Alturas de San Pedro de Buena Vista las hojas de uralita y las bolsas de cemento, a lomo de bestia y por caminos de herraje, vinieron las lluvias y le jodieron el cemento, luego las riadas y se llevaron las uralitas. Carlitos –El Adobe- fué ubicado en una aldea perdida en el Amazonas, el sueldo que le pagaban apenas cubria el vuelo entre Cochabamba y Reyes en aviones viejos del TAM, el resto del viaje tenia que hacer pidiendo jalones en las canoas que subían por el rio Madre de Dios, afluente del Mamoré, una vez allí, las monjas de una mision le daban de comer para que no muera de hambre. Maquisard –El Charnego-, se hizo cargo del proyecto y tubo que ser él “hombre orquesta”, desde administrador, director del Centro, profesor, chofer, ecónomo, asistente de la doctora en partos de emergencia, de todo y para todo, hasta padrino de nacimientos y matrimonios. Arzov –Quiroguin-, se instaló en su clínica y tuvo que atender a crédito y más crédito, los pacientes eran de recursos muy limitados. Solicitamos al distinguido lector sacar sus propias concluciones.
De todos modos, siempre estaría la generosa Barcelona, esperando a los caminantes que andaban con la casa a cuestas, sin patria pero con bandera. D´esdevenir col o cargol !…
En todo caso El Pacto en Barcelona se cumplió, el desenlace?, ese es otro cantar.

Ricardo Raúl Cauthín Aramayo-Florez
San Pau – Robadors, otoño 2002

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