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La soledad del exilio

november 10th, 2009

”……….los que un día partimos de España con la idea de hacer la América, y al paso descubrimos que había ocurrido lo contrario: América nos hizo a nosotros”.
Constantino Diaz Luces, emigrante español – estracto de Carta de España.

Cuentan que en algún momento de la guerra fría en el siglo pasado, dos perros atravezaban la frontera Checoslovaco-Polaca en sentidos contrarios. Preguntó el perro checo: -Donde vá tán apresurado colega?, el otro respondió: -Voy a Praga, tengo hambre quiero comer, y Ud. pá donde?. Respondiole este: -Yo voy a Varsovia, estoy abrumado, quiero ladrar!.

Sin duda alguna, ambos partían al exílio, el uno por que tenía hambre y el otro por que tenía algo que decir, y naturalmente no les estaba permitido en sus paises de origen.

El término EXILIO, proviene de la voz látina “ EXSILIUM “ y significa: castigo, destierro, deportado, expulsado, extrañado. En la antiguedad hechaban a los obiectos ó los non gratos al ostracismo del Mare Nostrum para que vivan como parias, apátridas, soterrados ó nómadas, lejos de todo lo querido.

De modo que el exílio es tán antiguo como las fechorías de los hombres sobre la fáz de la tierra; por lo mismo es doloroso, sin páz interior por todo lo dejado y que llama ponderosamente al retorno casi siempre imposible.

Desde que el antropoide de descolgó de un arbol en algún lugar de la sabana africana, o fue expulsado del paraiso, como se quiera, empezó a caminar, a emigrar, a exilarse buscando las mieses para nutrirse y perpetuar la especie, y así á sido y será hasta que el mundo reviente por el uso y abuso del que es víctima.

Grandes pensadores vivieron y escribieron en el exílio, veamos a algunos de ellos:
Voltaire –Francois Marie Arouet-, enciclopedista y exórdio de la revolución francesa estuvo exiliado en Inglaterra, Lorena, Postdam y el Castillo de Ferney en Suiza.

Carlos Marx, a quién sus enemigos le decían El Moro, filósofo, economista, sociólogo y politico, vivió y murió en el exílio en Londres, ahí escribió su obra cumbre:
Das Kapital y el manifiesto comunista.

Willy Brandt –Karl Herbert Frahm- político socialdemócrata aleman, vivió su exílio en Suecia hasta retornar con el grado de Teniente a la reconquista de Berlin.

Josep Tarradellas, político catalán dirigente de Esquerra Republica de Catalunya, fue elegido President de la Generalitat en el exílio, más tarde confirmado por la nueva constitución española.
Entre los nuestros citaremos a algunos entre los miles por supuesto:
El indio zapoteco Benito Pablo Juarez García –Padre de la Patria Mejicana-, luchó contra la monarquía impuesta de los Habsburgos com presidente republicano desde la frontera de EEUU.
José Martí –El Apostol-, escritor, poeta y politico cubano, vivió su exilio en España, Guatemala, Méjico y EEUU, fue independentista contra la corona Ibérica.
Francisco de Miranda –El Precursor-, patriota venezolano, mentor de libertadores, primer idéologo de la patria suramericana, murió en el exílio en Carraca-Cádiz.
El Dr. José Maria Linares –El Dictador Letrado-, abogado y político chuquisaqueño (Sucre) hizo su carrera política en la frontera peruana, y murió en el exílio en Valparaiso – Chile.

Estas cortas rememoraciones que narramos en este Relato Real, son solo breves pinceladas de las muchas vidas que consumió el exílio, de los que se atrevieron a pensar ó concebir la vida de diferente manera a como la entendian otros, generalmente los prójimos prepotentes asaltadores del poder, los iluminados ó los autócratas.
De modo que colegiremos que los espiritus ilustrados de las víctimas de los exílios en todos los tiempos, ademas de sus afiebradas certezas de pensamiento libertario puro, llevavan en el fondo del precario equipaje como pena, castigo y al mismo tiempo consolación: La Soledad.
No tenían muchedumbres que los aclamaran, acólitos que les sirvieran, costesanos que les aduláran, ni siquiera la familia para apoyarles. Solo la certidumbre de su verdad y como no?….su soledad! En territorios de nádie, detras de fronteras extrañas y no siempre gratas.

Así como las huestes semitas del Patriarca Moisés en el deambular sin rumbo por el desierto, oteando en lontananza los perfiles de espejismo de la tierra prometida, los oasis de leche y miel, de dátiles y vides, de trigo y palmeras, de libertad, paz, tolerancia, unidad sin fisuras de los hombres y mujeres de todas las latitudes de esa erosionada realidad.

Vaya que sutileza de deceo!, por ser casi todo virtual, por ser solo lo prometido. En defitiva, la trahumancia del exílio será un herrar en busca de la nada, de los sueños, de la utopía, de desvanerce en las brumas del tiempo, del desarraigo, la añoranza, la pérdida de la memória, la identidad, vamos! hacia los abismos de la soledad.
Y así, caminar sin norte, por que para el caminante del exílio, se borra el norte, solo queda el camino por andar, y casi siempre como el llanero solitario: sin indio y sin caballo.

El exiliado, no busca la caracterización de la realidad histórico-concreta, la agudización de las contradicciones ó la descripción de la contradiccion principal con el espiritu aristotélico. Al contrario, todo ese bagaje teórico le busca a el, le persigue, se le ensaña para perturbarle los sueños y la conciensia.

El exiliado de largo aliento no busca la felicidad, es más, la rechaza, la niega, la repudia, en el supuesto que la haya. Su formula es simple: Sí a los caidos en la segunda mitad del siglo pasado se les negó la posibilidad de ser felices, se les truncó la vida, los que salieron vivos de la contienda no tienen derecho a aceptar la felicidad, eso implicaría negar a los heroes, traicionar su historial de resistencia.

Entonces, el exiliado de las dictaduras tiene dos opciones: O mezclarce con la purriela bárbara de la migra económica. O enrocarce en la misantropía de la memoria histórica. No hay por donde perderce, solo escoger lo caulitativo del exílio.

La tesitura que justifica la legalidad de ese exílio, así sea a manera de consuelo, es que no se arribó a las europas como anodino mojado sin papeles, al contrario, se les otorgaron el prestigiado Pasaporte de Apátrida, el de la Convención de Ginebra para los vencedores de la II Guerra mundial, que les otorgaba cierto status de aristocracia diplomática, lo que suponía pasar de ser una especie en vías de extinción, a una especie protegida. Quizas a muchos moleste, pero así fue.

Por todo lo descrito, afirmamos que en el siglo pasado, un tiempo que nos estremece por que estuvimos ahí, gozamos y padecimos de aquello, de sus virtudes y sus miserias –El Siglo XX-, el de las revoluciones heroicas, según quién las diga: de los Urales a la Muralla China, de las playas del Ebro a las costas antillanas. Inspiradas en ideales nobles como no?, bien intencionadas quizas!; pero, muy mal gestionadas y peor administradas, y por lo mismo dialécticamente fallidas, fracasadas ó recicladas en triste parodia en este siglo, dizque 21, como coletazos de Leviatan de la caida del Muro de Berlin.

La segunda mitad del siglo pasado, el de las luzes, y permitacenos la frivolidad de adjetivarlo con cierta certeza que nos otorga la vivencia, el siglo de los ideales puros, los sueños, el amor, la rebeldía, la música, la protesta cinsera, las flores, la primavera, la juventud y lo importante, esa nuestra América mestiza todavia libre de sospechas de narcotráfico y tsunamis étnicos, que nos propondrían siucidios colectivos a nombre de divinidades paganas y el vil señor don dinero.

Eso sí, ya con indicios inequívocos de ruidos de sables, de afiladas de bayonetas, de redoblez de tambores de guerra, de reuniones urgentes en los estados mayores, de contubernios en los cuarteles, de becados de emergencia a los reclutas más desalmados, a los mostrencos más “tigres” a los cursos de contrainsurgencia en Fort Gullik en el Canal de Panamá.

En las sombras de la noche, se preparaban las dictaduras, la carnicería, la muerte y como no el exílio político, el gran deborador de almas que no de vidas.

Con estos presentimientos cuasí certeros de estar siendo marcados con la Diana de los caines apocalípticos, llevavamos a cuestas nuestra juventud de estudiantes rebeldes, de becarios a tiempo completo, de clase media acomodada, de desesperados pequeño buegueses, y asistíamos a las tertulias en los mesones del café Crillón el de el turco Sabja, a las saudades de aromáticos cortados de café do Brasil, de tesis políticas semielaboradas, de lecturas afiebradas de los clásicos de toda la vida, de poemas provocadores al estilo de vida y la hipocrecía, de catilinarias apasionadas con eufemismos en latín. Desarmábamos como un puzzle de oráculo ese mundo incompleto, lo limpiabamos con la paciensia de orfebres de metales preciosos, lo puliamos con el vaho tibio de nuestros alientos de imberbes púberes, y lo recomponiamos de nuevo, lo reinventábamos como creiamos que debía ser: bello, celestial y virgen como al principio de la creación para el disfrute de propios y extraños.

Con ese mundo reluciente, de continente descubierto, de país soñado, de valle templado, de comarca cerealera, de verde campiña, saliamos a tomar la brisa fresca de los amaneceres húmedos cochalas con la seguridad de haber reconstruido un mundo nuevo. Jolines machos!…qué inocente candidez la que teníamos.

Ahí nomás, a la vuelta de la esquina desembarcaron los dictadores, más duros que blandos, y quién lo diría inspiradores por lo menos en las formas de algunos regímenes autocráticos del siglo posterior.

De modo y manera que a partir de los sesenta, se instauró por decreto el gélido invierno que duraría la friolera de casí dos décadas y media, hasta agotar el siglo de la luzes –el XX-, con los derechos congelados, el tufo a mazmorras y cuarteles y como no? el expediente rápido y eficaz del exilio politico. La expulción violenta, el ponernos de patitas en la frontera, primero del país que nos había tocado en la tómbola de países, muy a pesar nuestro, y despues del trágico septiembre del 73, fuera del continente, acusados de indeseables libertarios, masones, amotinados, conspiradores, etc, etc.

Apestados por nuestra militancia pasada, y que estuvimos en condiciones de sostener bajo juramento a nuestros dioses lares, como los antiguos romanos: Que nos habíamos acostado con un solo partido. Y el que nos puso los cuernos, vaya ironía, fue el susodicho partido, que cuál birlochita barriobajera se encatreró con el primer postor que le encandiló con las mieles del poder efímero.

El syndrome de metamorfosis kafkiana se vería en los socialismos del nuevo milenio cuando los enardecidos ex-sindicalistas, ex-obreristas, ex-agraristas y ex de toda laya se pasaran con la “infra” entera de odios, revanchas, consignas y hambres no satisfechas al paganismo etno-populista, estos dizque ateos se convertirían en adoradores del sincretismo folclórico de pintorescos callahuayas o mesianicos incitadores de la purrelia al vicio esperpéntico del onanismo colectivo, como el flautista de Hamelín que guia a los tontuelos al despeñadero.

Que así como estaba escrito en los sillares de piedra de los Huaris, en las arrugas de los monolitos Tihuanacotas o en las chullpas de los Wiscachanis: Que vendrían extranjeros barbudos en casas flotantes y serían recibidos como Dioses. Tambien estaba escrito en las tinieblas de las noches que cinco siglos despues volverían del pasado los Teules, los que pedían sacrificios comiendose el corazón o bebiendo pulque en los craneos de sus víctimas, el indio Caipurú que solo sabía contar hasta diez y aseguraba que el resto le apoyaba “por supuesto”, o el cacique Canoabó que quedó prendido de la hermosa cabalgadura “bereber” del Capitan Alvaro Sánlucar de Ojeda, y le propuso en el acto canjearlo por su mujer la bella Anacaoma.

Estaba escrito en los versos de su lengua muerta: (aru jacha uru/ jutaskiwa/ amuna sipkañani/ jutaskiwa). Que volverían a desenterrar el hacha de guerra para cortar las cabezas de los cara-pálidas, aquellos que se misogenaron con los ”godos” y se hacían llamar: mestizos, culitos blancos o blancoides. Así estaba escrito en su lengua muerta: Cuchillos largos matar Àguila Blanca. Así sera?…. Lo permitiran los Tlaxclatecas?.

Estas reflexiones que “tristeamos” en este Relato Real sobre la Soledad en el exilio, no necesariamente significan que seamos tristes, sino que ál día de hoy a exactamente 37 años de este exilio, este nos plantea ya con los pagares vencidos, que pasa la vida en la soledad como la metastasis del alma; por que se nos muere todo de a poquito, y lo vamos amontonando en el baúl de los recuerdos, ese que desaparecerá definitivamente con nuestros despojos luego de la última absolución: -ego te absolvo a peccatis tuis-, cuando nos arranquemos esta puñetera vida a la fuerza, como aconsejaba Lenín que había que hacerlo, al estilo de los esposos Lafargue.

Así, se nos murió la efímera juventud, esa que buscó siempre medir sus fuerzas con la generación anterior para reafirmar sus creencias, como David contra Goliat. Esos chavales pijos y urbanitas, vestidos con tenidas de la Coole Parker, estudiados en colegios exclusivos pagantes, hijos de empresarios medios que mantenían ese país medioeval inventando una insípida industria nacional. Que se rebelaron contra el poder patriarcal de la familia y el estado absolutista de los generales.

Esa juventud que maduró en los mítines y las carceles, y no recibieron el beneficio de presunción de su inocensia menos la anmistía, solo la muerte prematura. Y, ahora descansan en paz a la sombra de los Alamos al pie del Khewiñal, en la Colina Heroíca de San Sebastían, esa donde el Conde de Guaqui masacró a valerosas criollas, mezcla de khochalas, andaluzas, castellanas y manchegas: Requiem Im Pace – Ad Eternum In Memorian.

O esos jóvenes líderes de la Federación que encabezarón el desfile de estudiantes y que no se repetiría ya nunca más, aquél primaveral 14 de septiembre, portando banderas flamígeras tricolores y rojinegras frente al altar de la patria en los predios del Prado, al paso de vencedores, áltivos y ligeramente pálidos de hemoción, a los acordes de la banda de liceanas que dirigía tán magistralmente su bellisima waripolera, la jovera Helena Varanowiski-Canedo.

La multitud aplaudía frenética. –Nunca vimos tanta gallardía-, comentaban los locutores. –Son las jóvenes promesas del país-, decían otros, palabras muy bonitas; pero háy pena, penita, pena, nada de eso pudo ser.

En todo caso, esa pléyade de brillantes libertarios dejaría su impronta en ese desfile de antología a los acordes de sus voces de baritonos:
– A las barricadas. A las barricadas-.
– A defender la Confederación-.

Versos profundos y sentidos que cantaba la Columna Durruti en Las Ramblas de Barcelona en el otoño de 1934 en defensa de la República Española.

Así tambien, casi al requiem de este exilio de más de tres décadas, se nos muere lo más querido: La Patria Republicana, esa que fundaron ”Los Manes” un 1825, y que triste, se equivocaron de país, paisaje y paisanaje, como sugieren las últimas palabras de su Libertador: ”É arado en el mar”, más indiscutible?…imposible!.

Al día de hoy, el término entelequia cruza el continente de los Inuitas a los Patagones, de los Chalacos a los Cariocas, como si se reencarnara Saturno en su versión auquénida a fagocitarce los más puro de sus hijos: Su republicanismo libertario.

Y los que nos preciamos de ser republicanos de toda la vida, a joderse de cojones, si en los instantes que creemos estar lúcidos, estamos más cerca de la locura. Total, no hay que pretender a jugar con cartas vencedoras, que no las dá la vida, la gracia siempre estará en saber jugar con cartas perdedoras, a que si.

Epílogo: Poema republicano del brigadista internacional y poeta irlandes Charles Donnelly, caido en la batalla de A Coruña en defensa de la democracia y contra el facismo franquista, y que lo cantaban con la música de Red River Valley en marzo de 1938.
– Hay un valle en España llamado El Jarama.
– Es un lugar que todos conocemos muy bien.
– Por que en él dejamos nuestra juventud.
– Y nuestra edad madura también.

Lenta convalescencia en el ”garconniére” de plaza Stabbe-Härlanda
Melancólico otoño de 2009

Ricardo Raúl Cauthín Aramayo-Florez.

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