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Un día después

juli 19th, 2010

Desiderátum.-
A casí 40 años de exílio republicano y los que hagan falta, dedicamos este cuento corto en Antología Social a los amigos que todavia estan “mamando gallo” en lo que denominaremos: El Priorato del Valle.

El cuento fué premiado en el certamen literario de la Federación Española de Suecia FAES, en marzo de 1998, y pretendía ser un alegato contra la guerra.

Chavales, para vosotros con cariño y escusadme por no haber más talento, lo supliremos con la aséptica narración de lo vivido en esta quijotesca vocación bloguera.

” El autor, muestra en este singular relato el ostracismo a que queda reducido uno de los
protagonistas de la guerra entre dos pueblos hermanos.
Simbolo de una realidad repetida de las naciones pobres que en su miseria se matan
por Intereses Ajenos ”.
Jurado Calificador Semanario Raices / marzo 1998 año XIII FAES

Un día después

Esta amaneciendo en las últimas estribaciones de la cordillera de los Andes, ya se siente el tibio calor de una templada mañana de primaveral día de septiembre, las sombras desaparecen en las casitas blancas del tranquilo barrio del Carmen, en la ciudad del Valle.

En una de cuyas casas despierta el Coronel Eudoro Montenegro ex-combatiente de la guerra del Chaco Boreal -la del infierno verde- como la suele llamar.

Se levanta el Coronel a sebar su primer mate del día y siente de pronto la premonición de que algo va a pasar, remitiendole enseguida la misma sensación de sed enorme como la que sentía en los candentes tuscales del Chaco, cuando los dos ejercitos en combate, se disputaban el pozo de agua situado entre dos fuegos, en tierra de nadie, rodeado de los muertos de ambos bandos, que se mataban conforme disputaban el precioso liquido, y por lo mismo le pusieron el fatal nombre de: Pozo del Desesperado.

Despues de sebar su mate, costumbre que aprendió en la guerra, el Coronel asume su tarea de dar de comer a sus animales: sus gallos de pelea, sus conejos, sus aves de corral y su loro preferido, de pronto, se le encara su perro fiel Tigre, el Coronel se da cuenta que no tiene absolutamente nada para su compañero de soledad, no quedandole más remedio que abrirle las puertas del corral ordenandole secamente -Tigre, fiel amigo no tengo comida para darte, lo siento, eres libre vete y que Dios te guarde-.

Luego, volviendose a su mujer vuelve a ordenar -Maria Manuela, ve a por el pan para el desayuno, pero lo quiero para hoy, no para mañana-.

Ese, es un día especial para el Coronel, por que debe cobrar su mísera pensión de guerra, y alberga la secreta esperanza de que por fin llegará el ansiado aumento que prometió el gobierno de la nación.

Esta pensión le pagan al Coronel por haberse jugado la vida en las tórridas arenas del Chaco, frente a sus hermanos del otro lado de la frontera, por defender los intereses de dos poderosas empresas petrolíferas norteamericanas, ademas de ensayar maniobras bélicas de dos concepciones germanas de la guerra, la de los generales teutones Kundt y Estigarribia, con los muertos aportados naturalmente por dos pueblos comunes, unidos por sus miserias, sus sueños, sus ancestros, sus mitos y sus esperanzas; pero enfrentados ambos por un destino fatal, el de la muerte.

Todos estos recuerdos entristecen de mala manera al Coronel, y le dejan la sensación de frustración y vacio ante la vida.

Al subir al autobus en compañia de su nieto favorito Salvito, exibe su pasaje libre de ex-combatiente, más el conductor mirandole desafiante le dice: pase, pase…viejo “colaco”,
Dn. Eudoro Montenegro, se vuelve como un jaguar herido é increpa vigorosamente al audaz chofer: -Sepa Ud. so ignorante que soy el Coronel Montenegro, y é defendido con mi vida en el Chaco el petroleo que Ud. utiliza para conducir su vehiculo y ganar plata-.

El chofer pide disculpas: -perdone Sr. no sabía que Ud. era ex-combatiente, pase por favor.
Despues, el Coronel tendrá la satisfacción de encontrarce con sus camaradas de armas. En el calor del medio día todos esperan su turno frente a la ventanilla de pago de pensiones, unidos por su presente de melancólicos de una guerra perdida, pero con tiempos pasados dispares, como profesionales académicos, funcionarios mal pagados, burócratas aburridos, obreros calificados, charlatanes de mercado, videntes del futuro, saltimbanquis de circo y vividores de toda laya.

Delante del Coronel está su compadre del alma, el Teniente Arsenio Balderas, conocido como el ”mala vida”, por ser un jugador fullero y mujeriego empedernido de siempre, teniendo naturalmente una situación económica solvente en relación a sus camaradas de guerra.
Al ser precisamente el ”mala vida” quién cobra la pensión antes que el Coronel, cae en la cuenta que NO hay el tán esperado ”incremento” prometido por el gobierno de la nación, monta en cólera hasta ponerse rojo como un tomate, agarra el fajo de billetes de a cien pesos los parte por la mitad maldiciendo y jurando que eso no le alcanza ni para media noche de juerga con la ”niñas” de la Perla en la Siles, se lo pasa por el culo y los arroja al suelo con furia y desprecio, luego parte con rumbo desconocido sin siquiera despedirse de su cumpa del alma.

El Coronel, impávido, mira los billetes despreciados, partidos, votados como papeles sin valor y pasados por el culo,pero……., billetes al fín, y dice a su nieto favorito:

-Salvito, hijo mio, esa plata que esta tirada en el suelo es tuya recogela !!!…..

Un Día Después.-
El Coronel Eudoro Montenegro, despertará con las mismas ansiedades, los mismos fracasos y el mismo trauma de la guerra perdida, se sentará frente al fogón a contemplar la flama colorada y enviará a su mujer a comprar el pan para el desayuno.

De pronto sentirá los ladridos tán queridos y conocidos de su fiel Tigre, por un momento caerá en la certidumbre de que ese animal no le abandonará jamás, irá a su encuentro diciendo: -Tigre, querido amigo, hás vuelto como siempre fiel y eterno, por eso, hoy comeras tú, y nadie más que tú !.

Y en un arranque de alegría cogerá la olla con las carnes del almuerzo para vaciarla toda en el perol del perro.

Más tarde, la esposa al darce cuenta de lo sucedido, habría de preguntarle:

-Pero Eudoro, que hás hecho con la comida, y ahora que vamos a comer?.

Con un suspiro profundo y antiguo, el Coronel héroe de la guerra del Chaco Dn. Eudoro Montenegro, mirando fijamente a su mujer, la compañera de sus desdichas, tardará en responderle:

-Querida Maria Manuela, en esta casa, hoy no come nadie, solo el Tigre por que se lo há ganado.

Se sentará otra vez frente al fogón meditabundo y perdido en sus recuerdos, eso sí, con la certeza de que se morirá sin conocer el már.

Puerto de Gotemburgo marzo de 1998
Por la traducción libre al idioma sueco: Ricardo G. Cauthín – Rúa Jr.

El exilio es la continuación de la lucha por otros medios
Ricardo Raúl Cauthín Aramayo-Florez
Senior

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