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Si vas para Chile

juni 20th, 2008

Las hieles y las mieles del exilio.

”El exílio es él mayor destructor de almas, cualquier clase de exílio, aún él de quién se va a la esquina a comprar cigarillos y no vuelve nunca más, como sí él mismo se hubiera desvanecido en humo. Y el exílio político, es él peor de todos”.
A. Roa Bastos

Así se daría en la atormentada y lluviosa Navidad del 72, cuando la dictadura no se muestra capaz de dictar una amnistía, por muy restringida que séa, como le solicitan los organismos de Derechos Humanos, la Iglésia y personalidades de la sociedad.
En cambio anuncia a bombo y platillo su proyecto de “Pacificación del País”, para lo cuál dice estar elaborando una minuciosa lista de 77 presos que saldrán en libertad.
Solo 77 escogidos de los cientos, miles que esperan anciosos ser beneficiados en ése número mágico de dos sietes, número de cábala, de quiniela, de tarot de la suerte, para poder reincertarce a su vida cotidiana, eso sí, fiscalizada por:” Banzer el Pacificador”.
Entonces, empiezan a elevarce solicitudes, a funcionar “las muñecas”, las palancas, las recomendaciones, en fín, todo cuanto séa posible para lograr ser tomado en cuenta en la lista milagrosa, que en el argot de la carambola Romaní se la conoce como: El doble de siete machos.
Tambien como no podia ser de otra manera, mi familia materna presiona a travez de mi señora abuela Carmen A. , quién hace valer su condición de fundadora de ”La Liga Patriótica de Mujeres para la Guerra” en épocas de la contienda bélica con el Paraguay 1932 – 1935.
A instancias del Jefe de Inteligencia del régimen, el Coronel Rafael Loayza, antiguo ex-combatiente de la guerra del Chaco, y beneficiario de los servicios de La Liga Patriótica, en ocación de ser herido en la retaguardia de Picuiba, según crónicas de guerra de la contienda.
Y ademas, por que mi detención se estaba trocando en un enfrentamiento personal; por cuanto el Ministro de Defensa, continuaba acusandomé de agitar al estudiantado en su mobilización por la pre-militar, a pesar de mi confinamiento en la isla de Coati.
De modo y manera, que el ”tira mayor de la dictadura”, accede a pedido personal de mi abuela a incluirme en su lista de pacificación, pero con el número 78, y no para ser beneficiado con la libertad, sino con el exilio, triste beneficio.
Resulta paradógico que a un estudiante le hechen de su patria, segun palabras del Ministerio del Interior Cnl. Mario Adett Zamora:” Por que su permanencia en el país no es conveniente para los propósitos de pacificación, ademas de sus actividades subersivas ”. (Presencia, Enero 8 de 1973).
En cambio, envía a sus hogares a conocidos sindicalistas, como el famoso dirigente de la todo-poderosa Federación de Mineros, el compañero Sinforoso Cabrera R. y a otros tantos representantes medios de organizaciones populares.
De modo que, una madrugada de febrero, soy evacuado del Penal de Alta Seguridad de Chonchocoro a la central de La Paz, via Ministerio del Interior y previa entrevista con Loayza, quién me recalca: Que me conceden el exilio, como una dádiva especial, solo por la relevancia de mi familia.
Al arribar a La Central, los compañeros me reciben como si me hubiera sacado el gordo de la lotería, claro esta salía al Dorado Exilio, el exilio deborador de almas.
Aunque oficialmente mi expulsión era al Perú, todos daban por sentado que acabaría recalando en las costas chilenas:
“ Si vás para Chile/ Te ruego viajero/ Le digas a ella/ Que de amor me muero.
Empezaría el rosario de mensajes, todos con el preambulo: Si vás para Chile.
Ni modo, quedo convertido en el Correo Oficioso y obligado por las circunstancias de las “SOS”, que acepto de buena o mala gana como una tarea solidaria, que de todos modos alguien en mi situación tiene que cumplirla.
Hay mensajes de todos los sabores, gustos y colores, desde las solicitudes económicas a sus organizaciones partidarias, saludos a sus camaradas, recuerdos sentimentales de amores contrariados, pedidos heróticos, de que si hechan un polvito; por favor se los dediquen, reafirmaciones doctrinarias y así, hasta ahí todo de lo más normalito.
Pero, lo que me pone los pelos de punta es cuando algunos compañeros me plantean informes orgánicos de sus partidos, eso ya era otra cosa, naturalmente se entendía que ellos tenian la necesidad y urgencia de comunicarce con sus instancias directrices en el exilio, y era un honor la confianza que depositaban en mí, en cambio el temor mio era una supuesta “recaida” y ahí si no podia garantizar mi aguante al acoso de los agentes del gobierno.
Trasmitido este temor no había otra alternativa que correr el riesgo, de modo que gravé en mi mente los informes confidenciales entre otros para: ”Chichi” Rios Dalens, don Juan Lechín, J.J. Torrez, parte de la dirigencia “Cobista” y amén del Mote.
Eso sí tenia que tener mucho cuidado en repetir cada mensaje como un loro, sin mezclar un tema con otro, cosas de la resistencia se decía.
La víspera de mi partida nos agenciamos tres latas de alcohol Caimán, mas conocidas como ”ladrillos” o whisky ”Four Corners”, unos canapés y apenas nos hechan llave organizamos “La Despedida”. Algunos salían en libertad, tenían sobradas razones para estar contentos, hacían planes para su futuro y su familia, amigos, compadres en fín amistades.
Lo mío era distinto, salía al exílio, no sabía donde iva a parar, de que iva a vivir, y por primera vez en mi vida me planteé la certeza de tener que trabajar, cinseramente hasta ese momento había parasitado a mis padres, y tuve la vida más o menos solucionada; pero dejando mi hogar ya era otro cantar, era darce de coñazos con el día a día.
Sin embargo, al calor de los ”té con té” bien graduados con alcohol potable temple diablo, y la disimulada alegría de esa despedida patética en la misma carcel, que tan solo hacía meses me vió llegar muerto de miedo, se entreveró con los parabienes que me deseaban los que se quedaban y quizas para ya nunca vernos más; pero que de todos modos me auguraban exitos.
” Y verás como quieren en Chile.
“ Al amigo cuando es forastero.
Nos “chupamos”, que carajo!, nos cinseramos, nos juramos amistad eterna, fidelidad a nuestros principios por sobre todas las cosas y le pese a quién le pese.
Ahí, en esá mazmorra de mierda se quedaban, “cuatachos” de toda la vida, si bien de distintas tiendas partidarias; pero unidos en la misma trinchera.
Nos acordamos entre las brumas de la beodez, cuantas veces abrazados habiamos bajado desde nuestra querida San Simón por la Sucre, hacía la 14 de Septiembre cantando la Marcelleza, vivando a la autonomía universitaria y bajeando a los botudos, habiámos asediado en Circulo Militar en el Prado, agitado a la juventud desde los balcones de los fabriles, nos habiamos cagado en el imperialismo, le habíamos mentado a la madre al ”requetemacho” por patear en persona a las chicas en las minefestaciones, habiamos hecho entierros simbólicos por los estudiantes muertos en Tupiza, Trinidad y Teoponte al redoble de los tamboreros del potente Mejillones, nos habiamos tomado la mina de plomo de Huertamayu, carajo!, para entregarla a su sindicato, para usufructo de su comunidad y sus campeches, no joda mi hermanazo querido!. Habiamos cumplido y que?.
Por último, nos acordamos como terminabamos nuestras farras de escándalo, curando el guayabo en las madrugadas, sorbiendo sopas de maní con locotos en la Cancha-Caracota.
Y lueguito comprabamos botellas de leche en los quioscos, para vaciarlas sobre nuestras distinguidadas “testas” a los compaces de Zorba el Griego, vociferando a grito pelado:
” Que nadie se llame a engaño, que los Gibaros nos bañamos con leche PIL, que vainas compadre, si ó si?.
Entonces, el Dr. René Uzqueda pulsó con manos trémulas su bohemia guitarra, y nos despachamos a gusto viejas canciones de serenatas nocheras a la luz de pálidas lunas vallunas.
“ Olvida, olvida todo/ Menos aquella tarde/ Que faltamos al colégio/ Y nos fuimos a amar.
Terminamos bailando unas cuequitas, todos contra todos, agitando los pañuelos de la despedida y sorbiendonos los mocos del llanto, es que estábamos simplemente tristes a cagarce y tambien borrachos; pero no “rajados”, ya quisieran facistas de mierda!.
“ El será el primero/ El será el mejor/ Yo no te merezco/ Con él te puedes ir.
En ese agujero mugriento de La Central, se quedaban “Papachos” de siempre: Waldito Rocha, Vidal Mendoza, Ramiro Rico, Vico Villegas, Choquito Zaavedra, Pipi Zelum, Vieja Guarachi y tantos otros que pasarían a la leyenda de los recuerdos consuetudinarios del exilio.
Ya en la mañana de compadres del febrero carnavalero del 73, los tiras me levantan temprano y sin tomar desayuno me conducen a la terminal de los buses al Perú, la Morales Moralitos, ubicado en pleno Prado.
Entonces puedo por fin! entrevistarme con parte de mi familia, digo parte por que mi madre y mi abuela no estaban, no querían mostrar su dolor en público, mi padre tampoco fué por ahorrarce el colerón, y en cambio envió con mi hermano J. Carlos su aporte económico y un paquetito con algunas de sus joyas personales y la orden taxativa: “Si le falta dinero y tiene hambre, que no robe, que venda estos anillos, que avise donde va a ir a dar para ayudarle”.
Mi padre siempre fué así conmigo, pragmático al extremo, ni una palabra de cariño, de aliento, pero sí expeditivo con su ”marmaja”.
Mi madre me envió una valija repleta de ropa nueva, y el encargo confidencial de que en el forro estaba cocido mi credencial de la CESB y las instrucciones de lo que tenía que hacer en el Perú, así como mi titulo de bachiller y el comprobante de mis cursos de vestibulares en sociales en la UMSA, estos documentos me servirían para declararme: Estudiante Crónico y picotear en distintas universidades y almorzar en sus comedores.
Mi abuela del alma, me regalaba un pellizco de sus ahorros cocidos en un escapulario de la Virgen del Carmen, su tocaya, más su bendición de Hassida Santa. Mi querida abuelita! .
Me despedí de mi medio hermano Herberth y por último me abrazó mi padrastro, don Emilio Zuazo, ese hombre bueno que apoyo discretamente, pero con firmeza los trámites de mi madre por mi libertad, sus palabras de despedida las guardo en la memoria: “ No llores Coquito –dijo-.Si te hás aguantado como hombre todo este tiempo preso. Vete al exilio como hombre. Que estos no se den el gusto de verte llorar”.
Abordé el bus custodiado por el tira que me dejaría en Copacabana aconsejandome que mejor no vuelva nunca más, alargandome el “Salvoconducto Válido por un viaje al Perú por 48 Horas”.
Así pués, perdí mi país, como se pierde una jugada de cacho, o como solían decir los ”Ckatus” en mi valle: en política es Kay Ganan, Kay Pierden (se gana y se pierde).
En la frontera de Yunguyo nos bajan del bus y nos dividen en dos grupos, a un lado los mochileros, y los otros al costado, cuando ven mi ”Salvoconducto”, dudan y yo pienso:
Ahora si cagué, entonces me ordenan sentarme junto a los de la mochilas, ambos quedamos sorprendidos, acuciados por esa circunstancia intercabiamos impreciones con una de ellas que apenas chapuzeaba el español, en todo caso mi ingles de aeropuerto era mejor, ese que logré captar en mis devaneos en el Centro Boliviano-Americano de Cochabamba.
Hicimos buenas migas, ellos venían del Brasil rumbo al Machu Picchu y no eran gringos sino irlandeses, vaya coñazo!, ella se llamaba Pamela Mc Mannus. En el acto me convierto en tramitador del pase fronterizo, lo que se necesitaba era lo de siempre: un sello, una visa, un peaje, en resumidas cuentas un pago extra sin recibo, despues de una breve pugna transamos en un suma económica y rumbeamos con prisa y miedo hacia la bella Arequipa.
En el trayecto a travez de la cordillera sostenemos una animada conversación. Pamela era una ”super jovera” (rubia) como las mujeres de Cliza,una provincia del valle alto, tenía la cabeza de mango chupado, como las de Cliza y los ojos silverados tambien como las de Cliza, eso sí la particularidad única de sus abundantes pecas que le bajaban desde los pómulos y le cubria todo el pecho como un huevo de pavo, me dijo que la llamara Pam, así a secas.
En realidad era un hippie aburrida de la vieja Europa en busca de censaciones, vacilones y cultura de la mezo-américa exótica, yo le dije. – Apenas soy un estudiante de sociales, acabaré mi carrera en el Perú o Chile, y posiblemente viaje a tú país a hacer una tésís sobre los Druidas Celtas-. Le pareció ” very extraordinary”.
Teniamos buena honda, buena química y toqueteandonos arribamos a la ciudad blanca del Misti, nos alojamos en la hostal colonial La Casona, así como su “tribu”, y nos frotamos a gusto durante ese fin de semana, muy sabroso, ella lo tomó como una aventurilla sud-americana, y yo tuve la intuición que probaba las mieles del exilio.
El lunes en la mañana, me despedí de mi amor fugaz de mochila y me presenté en las dependencias de la FUA –Federación Universitaría de Arequipa-, conforme a las instrucciones que tenía.
Mi “Salvoconducto” caducó, o sea que ya era un ilegal é indocumentado. Los compañeros de la FUA se portaron de maravillas, en especial su ejecutivo el compañero Villcatoma, un cuzqueño de muchos quilates, me orientaron para alquilar un alojamiento discreto, cómodo y seguro así como morfar en el comedor universitario, realmente los estudiantes si que hacíamos internacionalismo militante y sin medir dimenciones.
Eso sí hubo dos peticiones, la primera, trasmitir un saludo a nombre de los estudiantes de mi país a los mineros de la empresa Cuajone, que estaban movilizados y en huelga de hambre en el recinto universitario, y había que levantarles la moral.
Lo segundo, había que dar una breve conferencia de prensa sobre la repreción de la dictadura del Gral. Banzer, para coadyubar a la campaña de los estudiantes peruanos por el retorno del lider universitario Breña Pantoja, exilado por el tambien Gral. Velasco Alvarado a España.
Les manifesté mis reparos dada mi precaria situación de ex-convicto é indocumentado, ellos dijerón lo siguiente: -Si el compañero tiene miedo pé, entonces pá que se mete pé-.
Ante argumento tan certero, no me quedó más que pechearle a la cuestión de la situación, eso sí con el compromiso firme de que “ellos” me ponían en Chacalluta vivito y coleando. Por que analizando con profundidad el “contacto” que recibió mi madre en La Paz a travéz del enlace del partido y que llevaba cocido en el forro de la maleta, tenía mucho de fantasia a lo Jhon Le Carre, y se notaba que estaba ideado para los incondicionales del Mote y sus amigos que en realida eran exiliados económicos. Y lo más importante, mi determinación a no deberle nada, absolutamente nada a ese indivuduo, ní él saludo.
Ademas, mi caso era tangencialmente distinto, por cuanto tenía a mi favor toda la argumentación jurídica, política y humanitaria de los acuerdos internacionales para la conseción del Status de Refugiado, y solo tenía que recurrir a las instancias pertinentes conforme al acesoramiento del departamento legal dela FUA.
Consecuentemente, se estableció un contacto con el Vice-Consulado chileno en Tácna a travez de la legación del Consejo Mundíal de Iglesias. Y a la vista de mis antecedentes se me sugirió presentarme en el puesto fronterizo de Chacalluta.
El día convenido nos reunimos con un personero consular más un miembro del Consejo, quienes debían garantizar el cruce de la frontera peruana, por cuanto la PIP ejercía un control riguroso y a veces con devolución al país de origen.
Èramos tres, yo y dos jóvenes brasileños que nos conocimos antes de abordar el vehiculo consular, pasamos nerviosos pero confiados la gendarmería peruana, luego nos dijerón:
-Ahora vamos a ver si les aceptan en Chile-.
Llegando al otro puesto fronterizo, los dos funcionarios entraron a las oficinas munidos de nuestros documentos. Nosotros esperamos sentados en el coche y se nos hizo una eternidad, nos mirábamos los tres a travez del denso silencio, que se parecia como estar en capilla esperando el veredicto de ejecución, no había nada que decir, solo esperar y sudar cubos de hielo, como dijera Gabo en su momento.
Hasta que finalmente salió un carabinero y nos invitó a pasar a las dependencies del Jefe de Frontera, el Capitan Arabena, . Sus palabras, creo todavía recordarlas; por que en muy contadas veces en mi vida de “apátrida”, se me reconoció ese derecho que dicen es universal é inherente al ser humano: El derecho de existír.
Señores- dijo el Capitan –este es un gobierno democrático y en vista de su situación se les va a tramitar el asilo politico, pero desde este momento se les garantiza sus derechos humanos, bienvenidos a Chile-.
No podiamos creer!, nos miramos los tres, nos abrazamos y lloramos, solo atinábamos a repetir como un disco rayado: Gracias….obrigado….gracias….obrigado!.
Fuerón momentos hemotívos que se contagiarón a todos los reunidos en esa oficina perdida en el desierto nortino, ubicada entre la tierra de nadie la cordillera y el már.
El Capitan, tambien con voz hemocionada, volvió a tomar la palabra, con acento ya más campechano quizas para darnos confianza.
-Ya po cabros –dijo- calmense, pasen a Arica y rapidito se me van pa Santiago a tramitar sus papeles-.
El país de O Higgins, de los Carrera, de Rodriguez, de Violeta, de Gabriela, de Neruda, en fin, el país democrático de Allende, nos había aceptado.
” Y verás como quieren en Chile.
“ Al amigo cuando es extranjero.

Memorias de PUDAHUEL
Trágica primavera del 73
Ricardo Raúl Cauthín Aramayo-Florez

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